Hijo murió en los brazos de su madre pese a reiterados llamados por una ambulancia

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Tragedia. Modesto matrimonio del sector surponiente de Curicó, relató las horas de angustia que vivieron entre el viernes y el domingo reciente a la espera de una ambulancia, que solo llegó para constatar el deceso del su hijo de 28 años.

Curicó. Una modesta familia del sector poblacional Mejillones, Santos Martínez, en la parte sur poniente de Curicó, aun no sale de la indignación y de las crueles horas que les correspondió vivir durante el fin de semana, las que culminaron con la muerte de un hijo, de 28 años, en los brazos de su madre, a la espera de una ambulancia que solo llegó casi dos días después, para constatar el fallecimiento.

Los integrantes del matrimonio Silva Solís contaron a Radio Condell que en más de una veintena de ocasiones entre el viernes y el domingo reciente llamaron a los servicios de salud para que les enviasen una ambulancia, ante el grave cuadro que en el domicilio los afectaba, a la dueña de casa y a su esposo, ambos adultos mayores, y también al hijo, un trabajador de 28 años de edad.

CORONAVIRUS  

Angélica Solís relató que el miércoles (12 de mayo) ante síntomas, decidió acudir hasta el SAR de Aguas Negras, donde de inmediato, a través del examen de antígeno, se le comprobó como portadora del Coronavirus, por lo que fue derivada en Cuarentena a su domicilio. En la misma condición quedaron sus contactos estrechos, su esposo Francisco y el hijo de ambos Michael Jonatán Silva.

Fue al día siguiente que ambos –padre e hijo- presentaron similares síntomas por lo que fueron sometidos al correspondiente análisis PCR, con lo que se ratificó el confinamiento para los tres en el domicilio. Sin embargo los malestares en el joven se acentuaron el viernes. Ante ello vía telefónica, sus padres pidieron acudiera una ambulancia, “y nada, no obtuvimos nada”, dijo Angélica Solís.

“MI HIJO MUERTO”

“Al día siguiente, el sábado, mi hijo se agravó, llamamos de nuevo, varias veces, llamábamos y llamábamos a la ambulancia, incluso llegamos con la llamada hasta Talca, donde nos dijeron, nos engañaron, que iban a enviar a un médico, una ambulancia, pero no llegó nadie, mientras seguíamos insistiendo”, agregó entre lágrimas la madre de Michael.

En la noche del sábado, en madrugada y mañana del domingo las cosas empeoraron aún más, “por lo que seguimos llamando para que nos mandaran una ambulancia, pero no llegó y mi hijo se fue yendo entre mis brazos, y solo una hora después de que había muerto llegaron; hicieron una pantalla, bajaron unos equipos, pero solo fue para constatar que ya estaba fallecido, ya era demasiado tarde, mi hijo estaba muerto”.

LLAMADOS INFRUCTUOSOS

Francisco Silva complementó que los llamados para que se enviase una ambulancia para su hijo se repitieron una y otra vez, entre el viernes y el domingo: “como 15 veces el sábado, otras más el domingo, llamamos al SAR muchas veces a Talca, a unos teléfonos que nos daban, al 131, algunos nos contestaban que no había ambulancia, otros que no podían enviar porque debían autorizar en Talca, otros no nos contestaban y finalmente no mandaron nada ni siquiera por el protocolo Covid”.

De hecho las últimas respuestas “que nos dieron es que esperáramos un poco más porque nos iban a enviar un médico, que venía en la ambulancia, y que le hiciéramos reanimación, pero nosotros no sabemos de eso, le hice (respiración) ‘boca a boca’, le toqué el ‘pechito’, pero nosotros no sabemos de eso y mi hijo murió”, a eso del mediodía del domingo.

CARRO FÚNEBRE

Contó este atribulado padre que solo vieron una ambulancia cuando esta arribó una hora después de la muerte de Michael Jonatán, que solo sirvió para que se constatase oficialmente el deceso del joven trabajador. Rato después arribó el carro fúnebre para el traslado del cadáver hacia el camposanto local, y activar la sepultación bajo las medidas de Covid-19.

El matrimonio decidió hacer pública la situación, argumentando “que no queremos que a nadie más le pase algo así, perder un hijo entre los brazos, es terrible”, dijo ella, Angélica Solís. Su esposo, Francisco acotó que “que no hay derecho que nos denigren por no tener plata; solo por ser pobres vimos como nuestro hijo murió sin que nadie nos ayudara, pese a que lo pedimos mucho y nadie nos ayudó”, reiteró Silva.