Tejido, bordado y revalorización de ropa

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Uno de los proyectos de posee Antonia es diseñar sus propios bolsos.

Consolidación de proyecto. Hace 13 años que Antonia Villarroel dio vida a interesante emprendimiento.

CURICÓ. Mujeres que tejen y cuentan sus historias y, de paso, sanan sus heridas. Esto es lo que mueve a Antonia Villarroel, gestora de la pyme Oveja Casta, a realizar encuentros en diversos sectores de la comuna y de la provincia, promoviendo este arte que le ha permitido ayudar a otras mujeres y a ella misma.
Las juntas se realizan en su casa, ubicada en Rauco, o en la plaza San Francisco de la ciudad de Curicó. En algunas oportunidades, se han congregado 45 mujeres, con formas de vida totalmente diferentes, pero con la misma pasión, el tejido.
“Hace algunos años, convoqué al primer encuentro de tejido en mi casa. Desde ese momento nos hemos seguido reuniendo dos sábados al mes, convocando a mujeres de todas las edades, quienes se comparten datos de compra de lanas y de otro tipo, generándose lazos de amistad de envergadura y colaborando con campañas solidarias”, planteó Antonia, quien mencionó que el nombre Oveja Casta surgió hace 13 años en uno de sus viajes a Inglaterra, país donde vive la familia de su marido.
“En uno de mis traslados, conocí a una española que me mencionó que la lana de oveja casta era muy solicitada”, precisó Antonia, quien añadió que su pyme no solo se dedica al tejido, sino que también al bordado, estampado con pigmentos de pétalos de flores y reutilización de ropa. “Estampo telas y confecciono bolsos, y doy un nuevo uso a prendas de vestir en mal estado”, aclaró. En cuanto a la pigmentación con flores, Antonia cuenta que aprendió esta técnica con una amiga que estudió en Buenos Aires y replicó lo aprendido en nuestro país. “Estaba aburrida de bordar las telas color crudo, por lo que empecé a jugar con plantas y semillas que tenía en mi jardín. La naturaleza genera sus propios pigmentos, patrones y formas, lo que es muy llamativo”, planteó.

DEPRESIÓN
Antonia fue diagnosticada con depresión bipolar hace algunos años y el trabajo manual que realiza, ya sea bordando o tejiendo, le ha permitido seguir con la energía para realizar aquellas actividades que disfruta. “Cuando tejemos, se llega a tal nivel de concentración que tu mente deja de pensar y uno se relaja”, señaló.
Y no solo el tejido es lo que el mueve a Antonia, sino que también la revalorización de la ropa. Partió buscando implementos de cama en tiendas de ropa americana y después incorporó prendas en desuso y de gente conocida que pensaba deshacerse de ésta en la basura, generando un importante daño al medio ambiente.
Como es conocido por muchos, la industria de la moda es una de las que provoca mayor contaminación a la naturaleza. Por esa razón, esta emprendedora busca contribuir al resguardo de nuestro entorno y, de paso, que las personas tengan una prenda de vestir única y con un sello que las identifique del resto.
“Comencé a diseñar mis propios bolsos y a buscar prendas que ya no usaba. Empecé a experimentar con los residuos que me entregaban en la ropa americana y con lo que tenía en casa”, precisó esta mujer, quien añadió que a la comunidad le llama la atención ver telas manchadas con pigmentos de flores.
También ha incursionado en el bordado de zapatillas, lo que ha hecho que muchas personas quieran reutilizarlas y darles una nueva vida.
“Algunos piden un diseño especial, pero a mí me gusta tener la libertad para hacer lo que me nace. Y la idea es que sea un producto único e irrepetible”, indicó.
Dentro de los planes que tiene Antonia se encuentra continuar participando en ferias que se ejecutan en Curicó y en otras ciudades del país. Y además, seguir manteniendo esa clientela fiel que ha permanecido por años.
A eso se agrega la idea de seguir estudiando y perfeccionando algunas técnicas.
“Quiero diseñar mis propios bolsos, progresando en la calidad de los materiales y mejorando el oficio de coser”, concluyó.