Con artística obra grafitera “rescatan” un antiguo silo en la comuna de Maule

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Maule. En poco más de una semana, un viejo silo de casi 20 metros de altura, ubicado en el sector rural de Callejones, al oriente de esta comuna, pasó a convertirse en un singular y novedoso punto decorativo en medio de ese apacible paisaje campesino, distante apenas a unos 9 kilómetros de Talca, la capital regional.

Para lograr este meritorio trabajo se unieron las voluntades y propósitos del gestor cultural Víctor Letelier, arquitecto y académico de la Universidad de Talca y del joven pero destacado grafitero y muralista chileno Basco Vazko.

Cabe señalar que ese silo fue mandado a construir hace más de medio siglo por un conocido empresario agrícola del sector de Callejones, quien se esmeró en que tuviera una capacidad y solidez, a toda prueba, lo que permitió que resistiera los embates de varios terremotos y muchos temporales.

Con el correr de los años, fueron innumerables y consecutivas las cosechas de granos y posteriormente subproductos y forraje, que el silo acogió en su interior, hasta que un día –por la evolución propia del quehacer agrícola y otras eventualidades– la vetusta estructura quedó vacía y pasó a ser un mudo testigo del laborioso pasado de esa sencilla comunidad campesina.

UN NUEVO Y ARTÍSTICO DESTINO

En los primeros días de febrero, la llegada de una grúa con una larga pluma telescópica al área del silo, comenzó a llamar la atención y la curiosidad de las familias del sector  y pocos días más tarde, el fondo grisáceo y aburrido del cemento, empezó a tomar un nuevo aspecto, llenándose de vivos colores en todo su contorno.

El pintor grafitero Basco Vazko (prefiere mostrar solo su identidad artística) es un aventajado autodidacta y sus obras abrieron espacio para el graffiti en Chile.

Lleva una década interviniendo calles de España, Francia, China y Estados Unidos y este año hizo su primera muestra individual en Chile, una interpretación personal de las portadas de la revista Eva y es el autor (entre otras obras) del mural del Museo de Violeta Parra, en Santiago. 

Basco Vazko es multifacético; estuvo en la última edición de la feria ArteBA, en Buenos Aires, y experimenta en permanentes nuevos soportes.

De él se ha dicho que “tiene la personalidad de lo que hace y junto a una biografía algo errante y a su condición de autodidacta, representa un perfil de artista poco común en el medio y quizás sea por eso que su lenguaje y actitud ha generado escuela en un área formada académicamente, lo cual es sorprendente”.

Su obra se sostiene en un dibujo de gran calidad que, junto al desarrollo de una gráfica centrada en el cuerpo y su forma, es ocupada, ya sea a escala urbana o editorial, con la sensibilidad de un diseñador, relatando historias o imprimiendo símbolos en los que utiliza el color de manera moderada, acentuando la línea negra mediante su espesor.

Otro aspecto interesante y que le hace honor al lenguaje del llamado “street art” (arte callejero) es que, al ser un artista invisible, no se sabe dónde está ni de dónde provienen las obras y –de no ser por la temática– se vuelve un misterio identificarlas, lo que nuevamente juega a favor de su condición de artista no disponible, pues entenderemos que está en la calle, desconectado, haciendo arte.