Confianza del consumidor en el Maule no varía y se mantiene “muy pesimista”

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Estudio. Así lo constató el informe mensual que elabora la Facultad de Administración y Negocios de la Universidad Autónoma de Chile.

TALCA. La confianza del consumidor en la Región del Maule, mantuvo en septiembre el nivel “muy pesimista” registrado en el mes previo, mientras que la tendencia de mediano plazo, medida a través del promedio móvil trimestral, mantuvo el nivel “moderadamente pesimista” del mes precedente.
Según señaló el informe elaborado mensualmente por la Facultad de Administración y Negocios de la Universidad Autónoma de Chile, la confianza en la actualidad, reflejada en el índice coyuntural, mantuvo el nivel “levemente pesimista” de agosto. De igual modo, la confianza en el futuro, es decir, el índice de expectativas, también registró igual pesimismo al observado el mes previo manteniéndose en “extraordinariamente pesimista”.
Por estratos socioeconómicos, el informe indicó que tres incrementaron la confianza, uno no mostró variaciones y uno retrocedió. Es así como ABC1, C2 y C3 avanzaron un nivel, el primero desde “moderadamente pesimista” hasta “levemente pesimista”, mientras que los dos siguientes, desde “muy pesimista” hasta “moderadamente pesimista”, Por su parte, el estrato D mantuvo la confianza previa en “muy pesimista” y el segmento E retrocedió desde “moderadamente pesimista” hasta “muy pesimista”.

ANÁLISIS
La vicedecana de la Facultad de Administración y Negocios de la Universidad Autónoma de Chile, Jennifer Rivera, planteó que “en todos los casos estamos observando cómo el proceso de enfriamiento y desaceleración de la economía nacional se está haciendo notar mostrando, además, la dificultad cierta que hemos tenido para poder abordar, enfrentar y controlar la inflación, que ha sido más persistente de lo que se esperaba y que ha llevado justamente al Banco Central a elevar la tasa de política monetaria, esperándose, de acuerdo a lo que hoy se está proyectando, que siga aun aumentando y, con ello, afectando los patrones de consumo, generando un crédito que es mucho más caro y que, en definitiva, en el caso de las familias, termina deteriorando la calidad de vida producto del impacto sobre el bienestar y la capacidad cierta que tienen de poder acceder a los distintos bienes y servicios”, analizó.