Una loable “madurez” cívica

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Editorial

Independientemente de cómo puede haber afectado, a determinados candidatos, el porcentaje de abstención que quedó en evidencia en las elecciones de ayer domingo, es preciso hacer un particular reconocimiento y rendir un pequeño homenaje (una vez más) a miles de adultos mayores que fueron el segmento que otra vez demostró un loable grado de responsabilidad y conciencia cívica frente al compromiso consciente de marcar su opinión y emitir sus votos en las urnas electorales.

Esto da pábulo para reflexionar acerca de este concepto tan controversial y difícil de definir, como es la madurez en los seres humanos, porque para unos comienza a los 18 años y para otros a los 20, prolongándose de manera difusa hasta los 21 o más años y solapándose con lo que también algunos llaman “juventud plena”, alrededor de los 24 años.

La madurez se define como el periodo de la vida en la que se ha alcanzado la plenitud vital y aún no se ha llegado a la vejez, según la RAE.

Sin embargo, en psicología es un término más complejo donde intervienen distintos factores del desarrollo como la inteligencia, la capacidad para expresar y reconocer emociones, las relaciones con los demás, el desarrollo de la identidad y para tomar decisiones sensatas y oportunas.

Realmente, nunca se deja de madurar pues, ya sea en un ámbito o en otro, estamos en continuo cambio y desarrollo y es así como hay personas que maduran antes y otras después y ello se debe a que cada ser humano es único y no existe un término general de madurez.

Para el psicólogo Jaume Guinot: “Depende de la persona, porque algunos quizás no maduren nunca o solo lo hagan cuando ya sean ancianos. Siempre estará en el momento, sobreviviendo o sin pensar en mañana; haciendo las cosas por necesidad o porque les tocan”, dice el experto.

Para este profesional “Hay individuos (hombres y mujeres) que se niegan a crecer; quieren quedarse en esa época de la adolescencia donde todo lo solucionaban otros y ellos no se tenían que preocupar por nada.

Esas personas no deciden su vida, se dejan llevar por ella. Evitan decisiones de cambios o que ellos podrían ver como difíciles y prefieren seguir por un camino lo más plano posible. Para ellos, el resto de la sociedad no existe porque serán como niños grandes mirando solo la necesidad de su propio ego”.