El fundador de la Librería Mataquito ve con preocupación la crisis de valores en la juventud, la desaparición de los diarios regionales y analiza el duro presente de su rubro.
Por Juan Ignacio Ortiz Reyes
Fotos Manuel Espinoza
CURICÓ. En el corazón de Curicó, entre el aroma a papel nuevo y la quietud que solo una biblioteca o una buena librería pueden ofrecer, nos recibe Mario González Espinosa. No es solo un vendedor de libros es un guardián de historias y un observador agudo de la realidad social del Maule, ha sido un creador laborioso e incansable en sus proyectos, en suma, un emprendedor, con la editorial ha sido un puente entre poetas, intelectuales, historiadores y docentes a quienes les ha permitido plasmar sus obras, publicando más de 300 títulos y demostrando que aquí también existe, en la provincia de Curicó gente con capacidad.
Con la inmobiliaria desarrollando un nicho de mercado para pequeños emprendedores que buscan consolidar sus proyectos y en educación con un liceo técnico donde se forman jóvenes con una educación de excelencia, con un marcado compromiso valórico y en la sustentabilidad de la región. Su marca, Mataquito, es hoy un ecosistema que abarca desde la editorial hasta la inmobiliaria, pasando por la educación.
Sin embargo, su discurso no se centra solo en logros económicos, sino en “ir a los rescates de nuestros valores” que, según él, estamos perdiendo.
– Mario, lo vemos hoy sosteniendo con especial aprecio la biografía de Luis Cruz Martínez que usted reeditó. ¿Por qué insistir en figuras históricas en un mundo que parece haber olvidado el pasado?
“Este libro es mucho más que una simple biografía; es una oda a los valores de los jóvenes, un rescate de la figura de Luis Cruz Martínez. Ahí reside el valor a la patria, el valor a Chile y, sobre todo, nuestra identidad. Me duele ver cómo hoy algunos no valoran y atacan estos símbolos, les quitan las medallas o las espadas a los monumentos. Eso ocurre porque se ha perdido el real valor de las cosas. Hoy todo es inmediato, todo es desechable, y cuando la cultura se vuelve superficial, la gente pierde el arraigo con su propia historia”.
– Esa pérdida de valores de la que habla, ¿la observa también en la juventud actual?
“Lo conversábamos hace poco: los jóvenes que cometen faltas de respeto contra nuestro patrimonio no tienen idea de quiénes fueron esos hombres. No es solo un problema de los jóvenes, es lo que la sociedad les está dejando como cultura, muchos derechos y pocos deberes. En la librería intentamos que lo que la gente se lleve no sea solo un objeto, sino conocimiento que genere identidad”.
– Librería Mataquito tuvo una presencia importante en Talca, con sucursales en el Mall y en el Mercado, pero decidió cerrarlas. ¿Fue una decisión puramente económica?
“No, fue una reingeniería de la empresa. Nuestra filosofía es atender bien al cliente, darle confianza y que se vaya contento, en suma, brindarle un buen servicio”.
– ¿Es tan diferente la experiencia de una librería tradicional a la de una cadena en un centro comercial?
“Absolutamente. Aquí en Curicó tenemos un equipo de colaboradores que llevan 30 años conmigo; conocen a todos los clientes por su nombre. En el mall, los costos son leoninos por metro cuadrado y el trato es frío. La gente venía el fin de semana porque era el único lugar abierto, pero no se generaba ese vínculo. Preferimos cerrar en Talca porque se perdía la esencia de lo que somos, brindar una experiencia personalizada”.
– Usted ha sido crítico con la forma en que se han legislado los derechos laborales en los últimos años. ¿Cómo ha afectado esto al pequeño y mediano comerciante?
“Ha pasado mucho que los gobiernos instauran nuevas leyes que terminan complicando la vida del ser humano y del comercio. Partimos con la pandemia, el problema de inseguridad, piratería, un descaro al cubo y la reducción de horas laborales se han ido acortando. Eso nos obliga a contratar más gente, que cuesta mucho que tenga el sello de Mataquito. Antes, la gente pasaba a comprar después de salir de su trabajo; hoy, las leyes han conspirado y afectado las ventas, ya que después de las 6 de la tarde el comercio está muerto. Se ha roto esa dinámica orgánica entre el comerciante y su vecino”.
MARCA CON RAÍCES INDÍGENAS
– El nombre “Mataquito” es casi una institución en la región. ¿Cuál es el significado real detrás de esta palabra?
“Es una historia hermosa. La palabra es quechua y viene de los Aymaras. Significa ‘atreverse’. En los años en que los Incas, los Mitimae (pobladores incas que colonizaron hasta el Maule) llegaron hasta el Maule. Para ellos, cruzar el río Mataquito era una proeza porque en ese entonces era un río caudaloso, una extensión tremenda de agua entre lo que hoy es Sagrada Familia y Hualañé”.
– ¿Hay una leyenda específica sobre ese cruce del río?
“Así es. Los Mitimae traían como único elemento de carga a la llama. Al animal le daba miedo pasar por el agua tan brava. De ahí viene el concepto: atreverse a cruzar. Esa palabra la tomé yo para mi primera empresa y luego la extendí a la editorial, la inmobiliaria y el liceo. Emprender en regiones es, precisamente, atreverse a cruzar ríos que parecen imposibles”.
REGIONALISMO
– Usted menciona que Talca se quedó sin diario tras la muerte de “La Mañana” y también la desaparición de Diario El Centro. Como hombre de libros y cultura, ¿cómo ve el rol de Diario La Prensa en este escenario?
“Es una situación preocupante. La Mañana de Talca cumplió más de 100 años y murió. Hoy, el Diario La Prensa es el único que no nació en la capital regional y que circula en todo el Maule. Es originario de Curicó, pero hoy es el diario de los talquinos también porque ellos ya no tienen el suyo. Es el quinto diario más antiguo de Chile y su sobrevivencia es fundamental para nuestra identidad. Sin prensa regional, no hay quien cuente nuestras historias”.
– Tras años de construir empresas en lo cultural, educativo e inmobiliario, usted ha mencionado que “quiere descansar”. ¿Cómo se prepara la Librería Mataquito para el relevo generacional?
“He delegado y he traspasado varias empresas. El liceo, por ejemplo, que ahora es la Fundación Nuevo Horizonte, lo tomó mi yerno y mi hija, así como también la Inmobiliaria que la tomó mi hijo Mario Matías, ellos han sido capaces de proyectar y modernizar las empresas, debo reconocer que no lo he desarrollado todo solo, mi esposa y mis hijos han sido pilares fundamentales, en especial Natacha, que le han dado el sello que hoy tiene la marca Mataquito. Quiero descansar un poco, es justo para mí y mi esposa, ya que hemos dedicado una vida a emprender y contar mi experiencia de cómo crear empresas y desarrollar proyectos, como se hacía antes la regla 9x9x6 que significa trabajar de 9 a 9 por 6 días a la semana. Ahora queda una estructura sólida, mis hijos, una fundación y un equipo que conoce la filosofía Mataquito. Mi mayor deseo es que no se olvide el significado de la palabra: que sigan atreviéndose, pero sin perder el respeto por lo que fuimos”.




