¿Qué fue de tu vida juan carlos “pica” fuentes?

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Por Héctor Orellana Abaca

CURICÓ. Hay goles que dan puntos. Hay goles que dan títulos y hay goles que salvan una historia. Curicó Unido tiene uno de esos goles grabados a fuego en su memoria. No fue en Primera, no fue con estadios llenos ni cámaras HD. Fue en Tercera División, cuando el club caminaba por la cornisa y el descenso significaba algo peor que perder una categoría: desaparecer. Un penal que pesaba más que una temporada completa.

Aún hoy, quienes caminan por los pastos del Estadio La Granja recuerdan su figura, su temple y ese instante en que nadie quería la pelota… excepto uno. Juan Carlos Fuentes, el hombre que asumió cuando nadie más quiso. El jugador que pateó con el alma.

El que quedó para siempre en la memoria albirroja. Le dicen “el Pica”. Y ese día, con un solo golpe al balón, mantuvo vivo a Curicó Unido.

Hoy en Diario La Prensa, conversamos con él. Con el autor de uno de los penales más importantes en la historia del club.

– ¿Cómo y dónde nace tu historia con el fútbol?

“Mi historia con el fútbol nació en mi casa, entre camisetas y pelotas. Desde muy niño respiré fútbol; en mi hogar todavía existe el Club Deportivo Chiloé, en la Población Manuel Rodríguez de Curicó, un club que ha sido campeón en innumerables ocasiones. Mi abuelita Juana Yáñez, fundadora del club, fue mi primera gran inspiración. La recuerdo llevándonos a todos lados para seguir al equipo, cargando un fondo de comida para las tres series del club, alentando siempre, preocupándose que no faltara nada. Ella fue quien me marcó, guió y motivó para que el fútbol se convirtiera en parte de mi vida. También debo mucho a mi padre, Luis Fuentes, un hombre humilde que creyó en mí desde niño, que vio mis condiciones y se la jugó para que pudiera perseguir mi sueño. Gracias a él entendí que el esfuerzo y la dedicación siempre valen la pena. Desde pequeño tuve la fortuna de conocer a grandes jugadores que se convirtieron en mis ídolos: el ‘Cachito’ Muñoz, el ‘Memo’ Manolo, Juan ‘Manteca’, Toño Cereceda, el ‘Loco’ Sánchez, el ‘Huaso’ Yayo y tantos otros grandes futbolistas de Curicó que me enseñaron con su ejemplo que el fútbol es pasión, entrega y corazón. Hoy, puedo decir con orgullo que soy y siempre seré del Club Deportivo Chiloé. Ese club, esa camiseta y esa pasión forman parte de quien soy y siempre llevaré esas raíces conmigo”.

– ¿Qué recuerda de sus primeros pasos antes de llegar a Curicó Unido?

“Mis primeros pasos fueron en el Club Deportivo Liceo de Curicó, bajo la guía de Óscar Aliaga, un dirigente que dejó huella en el fútbol curicano. Con él aprendí que el fútbol no es solo correr detrás de un balón, sino disciplina, trabajo en equipo y respeto. Allí fuimos campeones varias veces, y cada triunfo se sentía como un sueño cumplido. Además, tuve la suerte de ser parte del seleccionado de fútbol de Curicó, jugando con amigos que aún hoy son parte de mi vida, como Nelson Garrido y Juan Esteban Espinoza. Juntos compartimos alegrías, derrotas, entrenamientos interminables y sueños que nos unieron para siempre. Esos primeros pasos, entre amigos, familia y pasión, me enseñaron que el fútbol no es solo un deporte: es identidad, es memoria, es comunidad. Y todo eso me llevó a Curicó Unido, al club de mi ciudad, donde pude devolver todo lo que me habían enseñado desde niño”.

– ¿Quién fue la persona que más te marcó en tus comienzos como futbolista?

“Sin duda, quienes más marcaron mi vida futbolística fueron mi familia. Mis tíos, mi padre… siempre me apoyaron y motivaron a seguir con el fútbol, incluso en los momentos más difíciles. Sin ellos, no habría llegado a ser quien soy hoy. Siempre estuvieron ahí, alentándome, y eso te da fuerza para no rendirte nunca”.

– Cuéntenos sobre tu trayectoria en el fútbol…

“Mi camino no fue sencillo, pero sí lleno de aprendizaje y momentos que nunca olvidaré. Comencé probando suerte en Antofagasta. Recuerdo que Luis Marcoleta, era el técnico que estaba en ese momento, estuve dos semanas a prueba, pero no quedé. Luego el ‘Tincho’ Gálvez y Lucho Rodríguez me ofrecieron ir a Trasandino de Los Andes. Fue un año difícil… las cosas no salieron y decidí regresar a Curicó, que me abrió las puertas y tuve la suerte de jugar con grandes jugadores, entre ellos el goleador histórico Luis Martínez Ortiz. Jugué en 1996 y 1997 y en 1998 fui capitán del equipo. Para mí, jugar en el club de mi ciudad fue un orgullo inmenso: representar a tu gente, sentir su cariño y respeto, es algo que nunca se olvida. Recuerdo especialmente la barra Marginales, que se formó en 1997 y que hasta hoy me sigue brindando su afecto. En el ámbito amateur también tuve grandes momentos. Jugué tres años en 21 de mayo de Curicó, donde fuimos tricampeones locales. Después me llevó don Julio Roquefort a Favorita de Lontué, donde ganamos casi diez campeonatos consecutivos y tres veces la Copa de Campeones. Representé a varias selecciones comunales y fui campeón de Chile zona sur amateur con Favorita de Lontué. Fueron años de triunfo, esfuerzo y pasión, jugando casi todo por amor al fútbol. Recuerdo con mucha emoción a mi amigo Rodrigo Roquefort”.

– ¿Hay algún partido que recuerde como especial o inolvidable con Curicó Unido?

“Sí… el recuerdo que más llevo en el corazón es del año 1998, el último partido del año en Tercera División, jugando contra Santa Cruz en el Municipal de San Fernando. No era un partido cualquiera: si perdíamos o empatábamos, descendíamos a Cuarta. Y en ese tiempo, bajar significaba prácticamente desaparecer como club. Íbamos 0–0, minuto 88 del segundo tiempo. Arranca Pérez en una de las últimas jugadas y… penal para Curicó Unido. Miro a mis compañeros y todos pensábamos lo mismo: ¿quién lo patea? Algunos se dieron vuelta, otros bajaron la cabeza… nadie quería tomar la responsabilidad. Sin pensarlo mucho, sin siquiera medir el peso de lo que estaba haciendo, miré a mis compañeros, tomé la pelota y caminé al punto penal. En el arco estaba Cristián Núñez, arquero de Santa Cruz y ex compañero mío del año anterior. Me mira y me dice: ‘Te lo tapo… Pica. Te conozco, sé dónde le vas a pegar’. Honestamente… casi me muero de miedo. Pero fui, le pegué fuerte, al medio… y gol. Ese gol nos mantuvo en Tercera División. Si ese penal no hubiera entrado, Curicó Unido probablemente habría desaparecido. Ese momento me persigue, me emociona y me llena de orgullo hasta hoy. Por eso amo este club: ese gol fue más que un gol, fue salvar la historia del equipo, de la ciudad, de la gente que nos apoyaba”.

– ¿Y los momentos felices dentro y fuera de la cancha?

“Uno de los momentos más felices fue cuando Curicó Unido subió a Primera División. Ver a tu ciudad, a tu club, llegar tan alto… como exjugador, hincha y curicano, no tiene precio. También recuerdo una liguilla de ascenso a Segunda División. La disputamos junto a Magallanes, General Velásquez y Santiago Morning, La ganó Magallanes que tenía un gran equipo entre ellos Darío Scatolaro y el “chino” Arias. Aunque no ganamos, fue un aprendizaje enorme y la satisfacción de ver el esfuerzo colectivo reflejado en cada partido”.

– ¿Fueron años difíciles en Curicó?

“Sí, años muy difíciles. Curicó Unido era un club humilde, sin recursos. Muchas veces jugábamos gratis, solo por amor al club y a los colores. Hubo un año en que los dirigentes desaparecieron con el dinero de los sueldos y de los parquímetros. Yo jugaba gratis, y cuando me pagaban 50 mil pesos, los repartía entre mis compañeros, especialmente quienes venían de afuera. Para mí, lo más importante era cuidar el club, quererlo y defenderlo”.

– ¿Alguna anécdota

divertida?

¡Varias! Una que nunca olvidaré: viajábamos a jugar contra Naval en Talcahuano, un viaje de madrugada, sin recursos, solo pan con queso para almorzar. Llegamos agotados… y uno de mis compañeros dice: “Muchachos, salgamos tomados de la mano, así nos damos energía y coraje”. Resultado: nos ganó Naval 5-0. Desde ese día, nunca más salimos de la mano. Otra: cuando llega el profesor Eugenio Horta como técnico, lo conocía con su pelo canoso, ya que lo había tenido en temporadas anteriores… y llega con el pelo negro, recién teñido. Me saluda y me dice: ‘Hijo, usted calladito no más’. Ese tipo de momentos quedan para siempre”.

– ¿Alguna mención especial?

“Quiero saludar a toda la gente que me ha apoyado, especialmente a los socios, amigos y jugadores del club deportivo Favacap de Curicó, donde crecí viendo a grandes jugadores como ‘Jano’ Ibar, ‘Peta’ Sánchez, Patricio Ávila y el gran ‘Cachito’ Muñoz. En especial, agradezco a mi madre, por su amor incondicional, su paciencia infinita y por estar siempre presente, incluso en los momentos más difíciles. Su ejemplo y fortaleza han sido un pilar fundamental para no rendirme. Asimismo, quiero agradecer profundamente a mi pareja, Marcia, por su comprensión, su apoyo constante y por acompañarme con tanta paciencia y cariño a lo largo de este proceso. Gracias por creer en mí incluso cuando yo dudaba, y por ser un refugio de calma y motivación. A ellas, gracias por caminar a mi lado y ser parte esencial de este logro. Y reconocer a los dirigentes que salvaron al club: Jaime Garcés, Rodelindo Riffo, Julio Ode, Jorge Muñoz, y el Koke, que siempre nos acompañó y nos llevaba fruta a los partidos. No puedo olvidar a mis excompañeros: Manuel ‘Lechuga’ Araya, Luis Martínez, Julio Saavedra, René Piérola, Héctor ‘Chavito’ Espinoza, Martín Gálvez… gracias a ellos, por su esfuerzo, pasión y amor por la camiseta”.

– ¿Por qué Curicó Unido sigue de pie hoy?

“Gracias a la hinchada, a los jugadores y a la comunidad. Muchos de nosotros jugamos gratis, sin cobrar un peso, solo por amor al club y a nuestra ciudad. Esa pasión, ese compromiso, es lo que mantiene vivo a Curicó Unido”.

Hoy, cuando Curicó Unido sigue de pie, cuando el rojo y blanco aún late en La Granja y en cada barrio de la ciudad, ese penal vuelve a cobrar sentido. No como una estadística, no como un recuerdo aislado, sino como un acto de amor puro. Juan Carlos “Pica” Fuentes no pateó solo un balón: cargó con la historia, con el miedo de desaparecer, con la esperanza de una ciudad entera… y no falló. Porque los clubes no se salvan solo con dinero o títulos, se salvan con personas. Con jugadores que juegan gratis, con dirigentes que resisten, con hinchas que no abandonan y con hombres como el “Pica”, que cuando nadie quiso, dio un paso al frente. Ese gol no solo mantuvo a Curicó Unido en Tercera División: lo mantuvo vivo. Hoy esta entrevista no es solo un repaso a una carrera, es un acto de memoria y gratitud. Porque mientras existan historias como la suya, Curicó Unido nunca desaparecerá.

Algunos goles se gritan. Otros se celebran. Pero hay goles —muy pocos— que se agradecen para siempre.