Constitución se reunió en Isla Orrego para recordar con amor y respeto a 102 vecinos que partieron hace 16 años

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A 16 años de la tragedia, Constitución mantiene viva la memoria que no es sólo recuerdo, es también aprendizaje, unión y esperanza.

La conmemoración, organizada por familiares de las víctimas, contó con el apoyo de la Municipalidad de Constitución a través de su Corporación Cultural, transformándose en una vigilia de reflexión, memoria y unidad.

POR MARCELA ALEJANDRA TORRES VALDÉS

CONSTITUCIÓN. En la ribera herida y resiliente de la ciudad, allí donde la memoria se mezcla con el murmullo del río, la comunidad de Constitución volvió a reunirse en la Isla Orrego para honrar a las 102 víctimas que dejó el terremoto y posterior tsunami del 27 de febrero de 2010.

A las 3:34 horas, el mismo instante en que hace 16 años la tierra estremeció el alma de Chile, el sonido solemne de la campana marcó el inicio de una vigilia cargada de recogimiento. Cada campanada fue un nombre. Cada nombre, una historia. Cada silencio, un espacio profundo para el recuerdo.

Aquella madrugada, uno de los sismos más intensos registrados en la historia de la ciudad costera cambió para siempre el destino de Constitución. Minutos después del terremoto, el mar avanzó con violencia inusitada sobre la ciudad. Calles, hogares y proyectos de vida fueron arrasados. 102 vecinos perdieron la vida, dejando un vacío que el tiempo no ha logrado borrar, y diez personas permanecen hasta hoy desaparecidas, luego de que el tsunami arrastrara sus cuerpos mar adentro.

Estuvieron presentes el alcalde Carlos Valenzuela Gajardo, los concejales Franco Aravena, Francisco Candia y Richard Rodríguez, además de representantes de las fuerzas Armadas y de Seguridad y Orden, también, entre ellas ARE y vecinos.

Uno de los momentos más conmovedores de la ceremonia fue el testimonio de María Contreras, madre de Felipe Sáez Contreras, quien perdió la vida esa noche mientras esperaba la tradicional Noche Veneciana en la Isla Orrego.

Con voz entrecortada, María recordó, “han pasado 16 años y el dolor sigue intacto. Esa madrugada no sólo perdí a mi hijo Felipe, perdí su risa, sus abrazos, sus sueños. Era un joven lleno de vida, con planes, con ilusiones, fanático del fútbol. Cada 27 de febrero vuelvo a esa noche, pero también vuelvo al amor inmenso que siento por él. Mientras yo viva, su nombre seguirá siendo pronunciado”.

Junto a ella, Sandra Contreras —quien perdió a sus dos hijas y a su pequeña nieta en las mismas circunstancias— compartió un testimonio que conmovió profundamente a los presentes.

“Esa noche el mar me arrebató lo más sagrado: mis niñas y mi nieta. No hay palabras para describir lo que significa sobrevivir a tus propios hijos. Uno aprende a caminar con el dolor, pero nunca deja de sentirlo. Estamos aquí porque ellas merecen ser recordadas, porque su ausencia no puede transformarse en olvido”, expresó con lágrimas en los ojos. Ambas mujeres, a pesar de los años transcurridos, evidenciaron que el duelo no tiene fecha de término, pero también que la memoria es una forma de amor que resiste al tiempo.