¿Qué fue de tu vida Gustavo Adrián Semino?

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Por Héctor Orellana Abaca

TALCA. Hablar de Gustavo Adrián Semino es volver a un capítulo imborrable en la historia de Rangers de Talca. Es regresar a ese 2002 donde el rojinegro rozó la gloria, a un equipo que se metió en la final del Torneo de Apertura en pleno año del Centenario y que, más allá del resultado, quedó tatuado en la memoria de Talca.

Porque hay futbolistas que pasan… y otros que se quedan para siempre.

Defensor áspero, de los que “trancaban con la cabeza”, el oriundo de Misiones llegó desde Atlético Rafaela para transformarse en pilar de la última línea de aquel plantel dirigido por Óscar del Solar.

Durante dos temporadas —2002 y 2003— fue parte de un equipo que ilusionó a toda una ciudad y que disputó la final del torneo de apertura ante Universidad Católica, quedando a las puertas del título.

Hoy, a más de dos décadas de aquella campaña, su nombre sigue despertando respeto y gratitud entre los hinchas rojinegros.

En conversación con Diario La Prensa, Semino revive esos años donde Rangers no solo peleó un campeonato: sino que construyó identidad.

  • Cuándo la gente dice que dejó una huella en Rangers, ¿qué cree que vio en usted?

“Es un privilegio enorme que siempre me tengan presente en una ciudad y en un club que tanto quiero. Si dejé una huella, debe haber sido por la entrega, porque siempre me dediqué a entrenar y a ser 100% profesional. Creo que la gente vio eso: que dejaba todo en la cancha. Muchos recordarán cuando me tiraba de cabeza a trabar en defensa o en la mitad del campo. Esa fue siempre mi forma de jugar”.

  • ¿Se siente parte de la historia del club?

“Sí, me siento parte de la historia del club. Creo que en ese tiempo logramos algo importante: que nos tuvieran respeto, que los equipos no quisieran viajar a Talca, que no tuvieran ganas de ir al Estadio Fiscal porque sabían que lo pasaban mal. No éramos invencibles, también perdimos partidos, pero era muy difícil ganarnos porque dejábamos la vida en la cancha. Y no solamente yo, sino todo ese plantel”.

  • ¿Se considera un “ranguerino” más?

“Claro que sí. Me considero un ranguerino más, un ranguerino de corazón, porque eso es lo que somos los que sentimos esos colores”.

  • Si tuviera que elegir una imagen de su paso por Rangers, ¿cuál sería?

“La llegada a Talca y al Estadio Fiscal después de haber eliminado a Colo Colo en el Monumental, lo que nos permitió jugar la final del Apertura 2002. Esa imagen es inolvidable”.

  • ¿En qué momento sintió que dejó de ser ‘el argentino que llegó’ para convertirse en un jugador identificado con Rangers?

“Desde que empecé a comer completos frente al Estadio Fiscal, cuando me cambié al viejo camarín y cuando vi que la gente usaba la camiseta número 4 con el apellido Semino. Todos los días que viví ahí fueron hermosos”.

  • ¿Qué representa Talca para un jugador que llega desde afuera?

“Talca es Talca, París y Londres. Representa un desafío enorme para cualquier jugador que llega desde afuera. Chile no es solo Santiago; en ciudades como Talca hay gente buena, trabajadora y luchadora. Uno como jugador tiene que identificarse con eso: ser aguerrido y no tener miedo al fracaso”.

  • ¿Qué significaba jugar en el Estadio Fiscal?

“El estadio era una fortaleza. Con la hinchada ahí, uno se sentía invencible. No recuerdo haber jugado un partido con menos de cinco mil personas. Era algo maravilloso”.

  • ¿Cuál fue el partido más intenso que vivió con Rangers?

“El primer partido contra Colo Colo, que ganamos 2-0 y donde tuve la suerte de convertir un penal. Fue muy bravo. Ese año le ganamos a todos los grandes en el Estadio Fiscal”.

  • ¿Le tocó jugar partidos decisivos? ¿Cómo se vivían esas semanas?

“Me tocaron varios partidos decisivos. Recuerdo uno contra O’Higgins, que lamentablemente perdimos. Expulsaron a Nicolás Peric y tuve que atajar un penal; después empatamos y también fue muy dura la llave contra Palestino. Son vivencias memorables. Las semanas dependían mucho del entrenador, pero en ese momento nos hacían sentir capaces. En los entrenamientos se veía una entrega máxima y sabíamos que jugara quien jugara iba a darlo todo. Nadie tenía el puesto asegurado; se lo ganaba en la semana. Eso hacía al grupo muy competitivo”.

  • ¿Qué tenía ese plantel que conectó tanto con la gente?

“Tenía todo: picardía en ataque, un goleador como Luis Díaz; un mediocampo aguerrido con Luis Aravena y Luis Guajardo; una defensa sólida que también salía jugando y un gran arquero como Peric. Pero, sobre todo, era un equipo que lo dejaba todo, y la gente se identificó con eso”.

  • ¿Tuvo alguna sociedad especial en defensa?

“Más que sociedades, lo que había era compromiso colectivo. Yo, como defensor, trataba de ordenar y ser la voz de mando, pero el mérito siempre fue del grupo”.

  • ¿Qué valores tenía ese equipo que hoy quizás no se ven tanto?

“Valores de vida: respeto, compromiso, llegar temprano, entrenar al máximo aunque uno estuviera cansado. Hacer ese trabajo invisible que es el más difícil. Esos valores, que hoy no se ven mucho, eran la base del equipo”.

  • ¿Hubo un partido donde sintió que su rendimiento marcó un antes y un después con la hinchada?

“No creo que haya sido un partido en particular. La identificación fue grupal. No éramos un equipo de individualidades, y yo no era la excepción”.

  • Si tuviera hoy a la hinchada frente a usted, ¿qué le diría?

“Simplemente gracias. Gracias por hacerme sentir uno más de la ciudad, por el cariño y el respeto. Eso no se olvida jamás”.

  • ¿Qué hizo después de su paso por Talca?

“Volví a Rafaela, jugué en Gimnasia de La Plata, donde disputé la Copa Libertadores y la Copa Sudamericana. Luego tuve un paso por Uruguay y también por Turquía”.

  • ¿A qué se dedica actualmente?

“Hoy soy director técnico, director deportivo y coordinador en el Club Quilmes, que compite en la Liga Rafaelina”.

Rangers no fue solo una camiseta en su carrera: fue pertenencia. Fue identidad. Fue vida.

En el barro del Fiscal, en cada cruce a ras del piso y en cada viaje donde el equipo defendía más que tres puntos, se construyó algo que no se borra con los años. No dejó una huella por lo que dijo, sino por cómo jugó: con el corazón en la mano y el orgullo en el pecho.

Porque hay futbolistas que pasan por un club y siguen su camino. Y hay otros que se funden con sus colores, que se vuelven parte de la memoria colectiva, aunque hayan nacido lejos. Él llegó como extranjero, pero se fue siendo ranguerino. Y eso, en el fútbol y en la vida, es una de las formas más puras de trascender.