¿Qué fue de tu vida Erwin Concha Bravo?

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Erwin Concha, en toda su expresión recibiendo la ovación de los hinchas de Rangers que no lo olvidan.

POR HÉCTOR ORELLANA ABACA
FOTOS PATRICIO ARIAS (RANGERS)

TALCA. En un fútbol donde muchas veces el biotipo parece pesar más que el talento, Erwin Concha fue la prueba viva que el carácter, la perseverancia y la convicción pueden más que cualquier medida. De estatura menor para los estándares del puesto, pero enorme bajo los tres palos, Concha se ganó un lugar entre los grandes arqueros del fútbol chileno a base de reflejos, seguridad y personalidad.

Campeón con Rangers en 1997, fue una de las piezas clave de un equipo que marcó la historia del club y de Talca. Desde el arco transmitió liderazgo y calma en los momentos decisivos, convirtiéndose en un referente silencioso, pero fundamental, de aquel inolvidable plantel rojinegro.

Hoy, con la tranquilidad que dan los años y una vida entera ligada al fútbol, Erwin Concha repasa sus recuerdos más íntimos: el título, la conexión con la hinchada, los desafíos de una carrera construida contra los prejuicios y su actual rol como formador de nuevas generaciones. Esta es la historia aquí en Diario La Prensa, de un arquero que, sin ser alto, se hizo gigante.

¿Qué recuerdos le vienen a la mente cuando se menciona el Rangers: campeón de 1997?

“Los recuerdos más lindos de mi carrera. Fueron celebraciones únicas, una efervescencia que nunca antes había vivido por un partido de fútbol. Ahí pude ver y sentir de verdad la pasión que tiene la gente de Talca por su equipo, por Rangers, un club tan querido. Fue algo inolvidable, especialmente esa noche que bajo un diluvio y con el estadio a tope fuimos campeones al ganar a Everton por 4 a 2”.

¿Qué tenía ese equipo que lo hizo distinto a otros planteles?

“Era un equipo con mucha ambición, obediente y muy disciplinado en la cancha, siempre fiel a lo que nos pedía el profesor Raúl Toro. También fuimos perseverantes: cuando los resultados no se daban, nunca buscamos soluciones inmediatas ni nos desesperamos. Íbamos paso a paso, uno a la vez. Eso hizo que nunca nos volviéramos locos por el logro final, pero sí que tuviéramos siempre claro cuál era nuestro objetivo”.

Desde el arco, ¿cómo vivía los momentos de mayor presión en ese campeonato?

“Aunque cueste creerlo, nunca mostré nerviosismo. Sabía que mi responsabilidad era enorme: un error mío podía costar un gol. Por eso traté siempre de transmitir seguridad y tranquilidad a mi defensa. Esa era mi forma de ayudar al equipo”.

¿Hay algún partido o atajada de ese año que recuerde con especial orgullo?

“El partido que más recuerdo y que para mí fue el más importante fue el de Viña. Ellos tenían una opción y nosotros dos; era más fácil para ellos que para nosotros. Sin embargo, ese resultado nos permitió celebrar como campeones. Teníamos tanta seguridad y convicción que sabíamos que, si nos iba bien en Viña, el campeonato se definía en Talca con nuestra gente. Y así fue. Cuando volvimos de Viña, de madrugada, la gente nos estaba esperando. Ahí nos dimos cuenta que no podíamos fallarle a nuestra hinchada, y creo que ese vínculo fue clave para lograr el título”.

¿Cómo fueron sus primeros pasos como arquero y qué le llevó a elegir ese puesto?

“Desde muy chico. A los 12 años ya entrenaba en Deportes Concepción, en la escuela de fútbol. Ahí empezó todo, gracias a un profesor que fue clave y que hizo grande a Mario Osbén. Tuve la fortuna que me enseñara y me formara como arquero, entendiendo que es un puesto ingrato, pero para mí uno de los más importantes de la cancha. Es un puesto distinto: te vistes diferente, juegas con las manos y con los pies. Es muy completo, sin desmerecer al resto de los jugadores”.

En sus inicios, ¿sintió que su estatura era una desventaja o un motor para exigirse más?

“Sí, me sentí discriminado por un profesor en Deportes Concepción. Mi estatura siempre marcaba diferencia con el resto de los arqueros. Pero ahí entendí que la perseverancia, al final, siempre te premia. Esa experiencia me sirvió mucho, porque luego me fui a Fernández Vial, llegué a juveniles y Nelson Acosta me hizo debutar en Primera División, siendo todavía juvenil, frente a Unión Española en el Estadio Santa Laura. Ganamos 2-1. Fue un gran debut. Desde ahí comenzó una gran carrera, con muchos equipos que me dieron la oportunidad de estar y de lograr cosas importantes”.

¿Cuál fue su trayectoria y qué representa Rangers en su carrera?

“Tuve una trayectoria larga y muy valiosa, en la que defendí los colores de: Deportes Victoria, Malleco Unido, Cobresal, Rangers, Deportes Talcahuano, Lota Schwager, Deportes Concepción y Deportes Arica. Rangers ocupa un lugar muy especial en mi carrera. Fue uno de los pasos más importantes que me tocó vivir, por todo lo que significó: lo deportivo, lo humano y el cariño de la gente. Estuve muy cerca de quedarme a vivir en Talca, pero al ser de Concepción tenía acá mis cosas y finalmente tuve que volver. Aun así, mi corazón se quedó allá. Siempre la gente me trató con mucho cariño, y esas son cosas que uno nunca olvida. Incluso hoy, cuando voy a Curicó, donde tengo a mis nietas, paso por Talca y me encuentro con muchas personas que aún me recuerdan, te saludan y te demuestran su afecto. Ese cariño es impagable”.

También estuvo en Curicó Unido como preparador de arqueros. ¿Cómo recuerda ese paso?

“Estuve ocho años trabajando con los arqueros de Curicó Unido, y la verdad es que fue una etapa muy linda y tremendamente enriquecedora en lo profesional y en lo humano. Para mí significó volver a integrarme de lleno al fútbol profesional, esta vez desde otro rol, ya no como jugador, sino como formador. Eso fue muy importante, porque los cursos de preparador de arqueros los realicé cuando aún estaba jugando, tanto en mis inicios como en la etapa de alto rendimiento, siempre pensando en el día después del retiro. Cuando dejé el fútbol profesional, tuve la oportunidad de trabajar junto a Ronald Fuentes en Iberia. Fue una experiencia muy positiva: logramos salir campeones y conseguimos el ascenso, lo que sin duda marcó un momento importante en mi carrera como entrenador. Tras ese proceso, Ronald regresó a Unión Española y yo tomé el desafío de llegar a Curicó Unido, donde pude desarrollar un trabajo más largo, con continuidad, crecimiento y mucha responsabilidad. En Curicó viví años muy intensos, formando y acompañando a distintos arqueros, transmitiendo no solo conceptos técnicos, sino también valores, disciplina y fortaleza mental, que considero fundamentales para el puesto. Aprendí mucho del trabajo diario, de las distintas realidades del club y de lo que significa sostener procesos en el tiempo”.

¿Y de nuevo se cruza Rangers en su camino?

“Así es, más adelante, terminé esta etapa en Rangers, un paso que fue especialmente significativo para mí, porque se trataba del club donde había jugado y con el que había vivido uno de los momentos más importantes de mi carrera. Volví a compartir con Nicolás Peric, pero esta vez ya como un arquero consagrado, y desde otra posición, lo que fue muy especial. Fue una experiencia muy linda, de reencuentros, de aprendizaje mutuo y de mucha satisfacción personal. La verdad es que lo pasé muy bien y siento que fue un cierre perfecto para esa etapa de mi vida dentro del fútbol profesional”.

La semana pasada, en la Noche Rojinegra, recibió un homenaje junto a otros exjugadores ¿Qué representa eso para usted?

“Fue algo muy importante y profundamente emotivo volver a Talca, a ese estadio que me trae recuerdos tan bonitos y únicos. Cada invitación y cada gesto que tienen los clubes para recordar a sus exjugadores, de una u otra forma, te llena el corazón de felicidad.

Regresé a Concepción con el corazón lleno de alegría, porque es muy grato saber que aún hay gente que te recuerda y te valora. Reencontrarme con excompañeros, como el ‘choper’ Castillo, revivir los momentos que compartimos y recordar que fuimos campeones… eso no tiene precio. Los clubes deberían aprender de lo que hace Rangers con sus exjugadores. Quiero agradecer a toda la gente de Talca: me tomé muchas fotos con ellos, recibí un cariño inmenso que me entregaron ese día y que me siguen dando hasta hoy. Fue un momento verdaderamente impagable. Este tipo de reconocimientos siempre son muy gratos, sobre todo cuando se hacen en vida.”

¿A qué se dedica hoy?

“Actualmente trabajo como preparador de arqueros en las escuelas municipales de Chiguayante y también en esta temporada en Arturo Fernández Vial, que jugará en tercera división y donde estaré en la preparación de los arqueros, transmitiendo mi experiencia y ayudando a formar nuevas generaciones”.

El tiempo pasa, los títulos se guardan y los estadios cambian, pero hay historias que permanecen intactas. La de Erwin Concha es una de ellas. Un arquero que desafió los moldes, que se hizo grande desde la perseverancia y que encontró en Rangers no solo un club, sino un hogar futbolero. Campeón, referente y formador, su legado no se mide en centímetros, sino en respeto, memoria y cariño.

Porque al final, como él mismo lo deja claro, hay triunfos que no caben en una vitrina: viven en la gente, en los recuerdos compartidos y en ese vínculo eterno entre un arquero y su hinchada. Y en Talca, ese nombre —Erwin Concha— sigue siendo sinónimo de seguridad, entrega y amor por la camiseta rojinegra.