Miguel Salas y su lazo eterno con los colores rojinegros: “Sentía que Rangers era más importante que mi propia familia”

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Miguel Salas confía que se trata de una salida temporal, ya que para el Rangers no es un ciclo cerrado.

No solo ejerció un rol profesional: hizo del club una parte central de su vida, defendiendo sus colores desde una función clave, entregando tiempo, energía y convicción más allá de cualquier obligación contractual.

POR HÉCTOR ORELLANA ABACA
FOTOS EDUARDO CORVALÁN MUÑOZ

TALCA. Durante 18 años, Miguel Salas fue mucho más que el kinesiólogo de Rangers. Fue un acompañante permanente en silencios, dolores, triunfos y frustraciones; una presencia constante en camarines, entrenamientos y recuperaciones que nunca se vieron, pero que fueron decisivas. Su trabajo, muchas veces invisible, lo transformó en una de las figuras más queridas y respetadas del área de la salud del club rojinegro.

A lo largo de casi dos décadas, acompañó al plantel en distintas categorías y procesos deportivos, siendo parte de campañas memorables y también de momentos difíciles, donde su experiencia, vocación y compromiso marcaron una diferencia profunda, no solo en lo físico, sino también en lo humano.

Uno de los sellos más reconocidos de su trayectoria fue su identificación total con Rangers. Miguel Salas no solo ejerció un rol profesional: hizo del club una parte central de su vida, defendiendo sus colores desde una función clave, entregando tiempo, energía y convicción más allá de cualquier obligación contractual.

Con la emoción todavía a flor de piel, Miguel Salas repasa su historia, su salida y el vínculo que, pese a todo, seguirá uniéndolo para siempre a Rangers.

– Miguel, ¿cómo resumiría estos 18 años en Rangers desde lo profesional y lo humano?

“Llegué a Rangers en el año 2007, cuando aún estaba en la universidad. Fui invitado por el equipo de Elías Vistoso, José Luis Fernández, Rodrigo Muñoz y otros dirigentes. Acepté entendiendo que siempre fui hincha de Rangers, por lo tanto, era cumplir un sueño.

Desde lo profesional, creo que el crecimiento en estos 18 años fue enorme. Aprendí a vivir y a funcionar dentro de un deporte que es muy complejo. Mi formación y mi trabajo siempre buscaron darle un mayor sentido y profesionalismo a lo que se hacía en Rangers.

Soy profesor de Educación Física y kinesiólogo; luego realicé un magíster y un doctorado, todo enfocado en este proceso. No sé si fue bueno o malo, si fue un error o no, pero desde el 2007 hasta el año pasado mi vida giró en torno a Rangers, sin descuidar mi desarrollo profesional, que afortunadamente ha sido muy positivo. Muchas decisiones de mi vida las tomé pensando en Rangers”.

– ¿Significó mucho para ti?

“Sí, por supuesto. Yo fui al estadio por primera vez cuando tenía cinco años, mi papá me llevó y lo recuerdo como si fuera hoy. Desde entonces, mi vida se organizó en torno a eso. Los domingos se esperaba que mi papá llegara a la casa, y según cómo le había ido a Rangers: era el día, si se perdía, sabíamos que sería complicado; si ganaba, una verdadera fiesta. Todo ese proceso se fue dando de manera natural, independiente que también estuve en Español, un club al que quiero mucho porque es parte de mi vida: jugué, trabajé y compartí con ellos. Desde lo deportivo, eran las dos cosas que más me importaban.

Si bien he trabajado con otros deportistas y he tenido la suerte de estar en selecciones, Rangers siempre fue lo que más me movilizó emocionalmente. Hoy entiendo que los procesos se cumplen y terminan, y que puede comenzar otro”.

– ¿Cómo describirías el rol del kinesiólogo en un equipo profesional, especialmente en Rangers, donde estuviste 18 años?

“En el fútbol profesional, a diferencia de otros deportes, nuestro trabajo no se limita solo a la rehabilitación cuando hay lesiones. En Rangers, y en el fútbol en general, el kinesiólogo está disponible 24/7. Desde un resfrío hasta cualquier complicación de salud que pueda afectar el rendimiento del jugador. La rehabilitación es una parte importante, pero no lo es todo. El trabajo implica estar siempre presente. Yo no llegaba a Rangers a las ocho de la mañana y me iba al mediodía para luego desconectarme. Me llamaban a las dos o tres de la madrugada por situaciones complejas, y ahí estaba. En rigor, mi función era preocuparme permanentemente de ellos, más allá de una lesión puntual”.

– Para sorpresa de muchos, este año fue desvinculado de la institución. ¿Cómo recibió una determinación que nadie esperaba?

“Nunca lo esperé. Sin embargo, siempre fui consciente que era un empleado más de una empresa, como es Rangers de Talca, y en esas condiciones uno sabe que pueden prescindir de tus servicios. Fue una sorpresa, claramente, pero lo asumí como se deben asumir estas cosas en la vida”.

– ¿Qué razones le dieron para esta decisión?

“Primero, quiero decir que las razones me las entregó una persona que no debía estar en esa situación, me refiero al gerente Daniel Mejías. Para él también fue incómodo. Me explicó el escenario: yo no estaba de acuerdo, pero había que aceptarlo. Era una decisión que estaba tomada desde el año pasado. Lo que yo habría esperado es que, si algo se hizo mal, se me hubiera comunicado directamente por parte de quienes estaban a cargo de la administración del club. Eso no ocurrió, nadie dio la cara. Quiero ser claro: la gente nueva que llegó a Rangers no tiene responsabilidad en esto; la decisión venía de antes. Uno se equivoca muchas veces, pero siempre espera la posibilidad de mejorar y de una retroalimentación. Rangers es una empresa, y como parte de su funcionamiento, esta vez me tocó a mí”.

– ¿Quedó algo pendiente por decir o hacer en Rangers?

“Cuando hablé con mi papá —se emociona— le dije que había dado todo. Que pude haberme equivocado, sí, pero que salía con la convicción absoluta que no quedaba nada pendiente. Él me respondió que, si yo sentía eso, entonces ya estaba todo hecho, no había más. Te cuento algo: cuando Rangers clasificó a la liguilla de promoción, un jugador se lesionó la clavícula. Estuve con él hasta las cuatro de la mañana; nadie preguntó cómo estaba. Volví en bus y luego caminé desde el terminal hasta mi casa. En ese trayecto me pregunté: ¿qué estoy haciendo? Pero rápidamente apareció la sensación sana y necesaria de sentir que, por Rangers, estaba dando todo. Me pude haber equivocado y lo acepto, pero di todo y más. Como dijo Nicolás Peric en su programa de televisión, Rangers nunca fue plata para mí. Por lo mismo, Rangers va a seguir siendo lo mismo: voy a seguir yendo al estadio. El fútbol y la vida son muy dinámicos, y algún día podría estar de vuelta”.

– ¿Sintió el respaldo de jugadores, exjugadores o colegas?

“Creo que Nicolás Peric es el último ídolo absoluto de Rangers, y sentí su apoyo, algo que le agradezco de corazón. También recibí el respaldo de muchos jugadores y técnicos, aunque de otros no. Pero el fútbol es así. No juzgo a nadie, porque entiendo que yo no fui una persona importante en la vida de todos. Cada jugador tenía su propia historia, y yo sabía lo que le pasaba a cada uno. Me llamaron desde varios países; incluso me sorprendió mucho Gastón Cellerino, quien se comunicó conmigo para conversar. Él lleva muchos años fuera de Rangers, desde 2009, y por eso valoro especialmente ese gesto”.

– ¿Qué ha significado la familia en estos momentos?

“Ha sido fundamental. Me han dado tranquilidad y siempre entendieron lo que hacía por Rangers. Me aceptaron tal como era y nunca cuestionaron mi ausencia. Nunca asistí a una licenciatura de mis hijas, ni de enseñanza media ni de la universidad, porque estaba en Rangers. Hoy, en cierta medida, me lo cobran. En ese momento sentía que Rangers era más importante que mi propia familia; uno se desordena emocionalmente. Aclaro que Rangers nunca me puso una pistola en el pecho, todo lo hice porque quise. No me arrepiento de nada, solo de no haber hecho algunas cosas mejor en determinados momentos. Pedí disculpas cuando correspondía y hoy camino tranquilo asimilando esta situación que me ha golpeado profundamente”.

– Finalmente, ¿qué mensaje le deja a la hinchada?

“Creo que la hinchada es lo mejor que tiene Rangers. En cada calle, en cada lugar y en todo momento, la gente me saluda y me agradece. Siento desde el corazón y la piel cada gesto de cariño. El hincha talquino es incondicional. En lo personal, en Rangers viví momentos buenos y malos, y la única variable que nunca cambió fue la hinchada. Cambiaron los dueños, los planteles, los técnicos, pero la gente siempre estuvo ahí. Sacarse a Rangers del corazón es imposible. Me han ofrecido otras oportunidades de trabajo, incluso en Santiago, pero no. Yo soy de Talca. Recuerdo nuevamente a mi padre, que tiene 95 años y que se siente orgulloso de mí, porque lo di todo y no quedaron cuentas pendientes. ¿Di todo, incluso más de lo que muchas veces le di a mi propia familia?

– ¿Y qué viene más allá de este episodio?

“Me quedo con la certeza profunda que los ciclos no siempre se cierran para siempre. Yo no cerré la puerta, y mientras siga así, siempre existirá la posibilidad de volver a abrirla. Rangers no es solo un club en el que trabajé; es el lugar que representa mi alma y mi corazón. Y cuando algo se ama de verdad, nunca se abandona del todo, solo se espera el momento de regresar”.