¿Qué fue de tú vida Julio Saavedra Olguín?

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La estampa de crack con la camiseta de toda su vida, la de Curicó Unido.

Por Héctor Orellana Abaca

Hay historias que no se cuentan solo con resultados ni estadísticas, sino con raíces profundas, esfuerzo silencioso y un amor inquebrantable por una camiseta y una tierra. La que narramos hoy es la historia de un hombre identificado a fuego con Curicó Unido y con su comuna, Romeral, lugares que no solo marcaron su carrera, sino también su forma de entender la vida.

Julio Saavedra Olguín es parte de esa memoria viva del fútbol local.

Hombre de Romeral, formado en las canchas de Curicó Unido y moldeado por una vida ligada al deporte y al servicio público, su recorrido está hecho de sacrificio, convicciones y pertenencia. No fue solo futbolista: fue testigo y protagonista de una época donde el fútbol se jugaba con el corazón y se defendía con orgullo el nombre de la ciudad.

Hoy, con la calma que entregan los años y la experiencia, repasa su camino con la serenidad de quien lo dio todo dentro y fuera de la cancha. En esta conversación íntima, el fútbol aparece como una escuela de vida, un espacio de formación humana y un puente eterno con Curicó, ese lugar al que siempre se vuelve, porque ahí están las raíces, la memoria y el sentido de todo lo vivido.

– Julio, usted es un hombre profundamente identificado con Romeral. ¿Qué representa esa comuna en su vida?

“Romeral es mi raíz, mi origen. Aquí nací, aquí vivo y aquí formé a mi familia. Es una comuna hermosa, de gente trabajadora y sencilla, y yo me siento parte de eso. Todo lo que soy tiene que ver con este lugar”.

– ¿Cómo nace su pasión por el fútbol?

“Nace como en muchos niños, en el colegio, cuando no había muchas cosas, pero sí sobraban las ganas. Jugábamos por puro amor al fútbol. Recuerdo que junto a un amigo decidimos ir a probar suerte a Curicó Unido, casi sin pensarlo, solo con ilusión”.

– ¿Y qué recuerda de ese primer gran paso?

“Fue algo increíble. Quedé en el club, jugué dos partidos en cadetes y después el profesor Sergio Gutiérrez me llamó al primer equipo. Entrenaba con los mayores y los fines de semana jugaba en cadetes. Era duro, pero era feliz. Sentía que estaba viviendo un sueño que jamás pensé alcanzar”

– Su carrera está muy ligada a Curicó Unido. ¿Cómo define ese vínculo?

“Curicó Unido lo es todo para mí. Prácticamente toda mi trayectoria la hice ahí y todo lo que soy se lo debo a esta institución. Me formó como futbolista y como persona. Estoy profundamente agradecido de la ciudad y de su gente”.

– ¿También tuvo logros importantes fuera del profesionalismo?

“Sí, tuve la alegría de jugar un campeonato nacional de fútbol amateur representando a Curicó, algo que guardo con mucho orgullo. Además, tuve opciones de llegar a Unión Española y Rangers, pero en ese momento me faltó experiencia y manejo. No se dio, pero lo acepto como parte del aprendizaje”.

– ¿Cómo recuerda los clásicos frente a Rangers?

“Eran partidos intensos, muy disputados, se jugaban con el alma. Las barras empujaban muchísimo y el ambiente era impresionante. Cuando me tocó jugar por Curicó, la mayoría del plantel era de acá, así que cada clásico se tenía que ganar. Esa era la consigna de todos los entrenadores que pasaron por Curicó, y nos arengaban a ganar cuando se trataba de los partidos con los rojinegros”.

– El fútbol de antes tenía otro carácter. ¿Alguna anécdota que refleje eso?

“Muchas (ríe). Una que siempre recuerdo fue en Linares. Antes de un partido clave, los dirigentes locales nos lanzaron los balones a la galería cuando entrábamos a la cancha. Se armó una pelea grande, hubo combos, empujones… Incluso terminé peleando con un concuñado. Eran otros tiempos, se vivía todo con mucha pasión”.

– Mirando hacia atrás, ¿qué le dejó el fútbol?

“Me dejó todo. Disciplina, formación, amigos, experiencias de vida. Pero, por, sobre todo, humildad. El fútbol me enseñó a no olvidar nunca de dónde vengo y a valorar cada oportunidad”.

– Tras colgar los botines, su camino siguió por la política. ¿Cómo se dio ese giro?

“Alguien me lo sugirió, me dijo que desde la política también se podía ayudar al deporte. Fue así como llegué a ser concejal por varios periodos. Desde ahí se lograron cosas muy importantes, siempre pensando en la comunidad y en los deportistas”.

– ¿Aun así, nunca se alejó del fútbol?

“Jamás. Creé una escuela de fútbol llamada José Alarcón, que ya cumple 25 años. De ahí han salido grandes profesionales que hoy aportan mucho a la sociedad. Hoy me dedico a la escuela, a mi labor como concejal y a seguir apoyando el deporte”.

– ¿Qué mensaje intenta transmitirles a los niños y jóvenes?

“Siempre les digo que los sueños se cumplen, pero que nada llega solo. Hay que trabajar, sacrificarse. Les cuento mi historia: yo no era especialmente habilidoso, pero me gustaba mucho el fútbol, así que tuve que esforzarme el doble. Corría el doble y me preparaba al doble en el cerro Condell, me sacrificaba mucho y así logré buenos resultados”.

– Para cerrar, ¿cómo ve hoy a Curicó Unido?

“Lo veo bien, con ilusión. Espero que Damián Muñoz haga una gran temporada. Cuando a Curicó le va bien, nos va bien a todos. El fútbol es parte de la identidad de esta ciudad y siempre va a unirnos”.

Hoy, lejos del ruido de la tribuna, pero siempre cerca de la cancha, Julio Saavedra, sigue defendiendo los mismos colores, aunque desde otro lugar. Su legado no se mide solo en partidos jugados, sino en valores transmitidos, en generaciones formadas y en una identidad que nunca se negoció. Defensor dentro del campo y en la vida, dejó huella en los albirrojos no solo por su entrega, sino por su lealtad, su sacrificio y su amor incondicional por Curicó. Porque hay camisetas que se dejan de vestir, pero jamás se dejan de sentir.