¿Qué fue de tu vida Lindorfo Sepúlveda Cerpa?

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Junto a Claudia, su esposa y sus hijos Diego y Camila.

La historia de este talquino tiene ribetes de hazaña y de héroe, por triunfar en un deporte que exige como norma de principio elemental el rigor y la disciplina, a las cuales respondió con un temple y coraje admirable.

POR HÉCTOR ORELLANA ABACA

TALCA. Por su estatura y nombre, que se lo debe a un tío, no pasa desapercibido. Pero también hay otros elementos que forman parte de la personalidad de quien se ganó un espacio y el reconocimiento de los eternos seguidores del fútbol. Su calidad como deportista y como persona, llena de valores y principios, lo convierten en un personaje excepcional, notable y admirado, que sembró la amistad, sobre la base de sólidos principios y valores y por una trayectoria impecable, que supo de alegrías, triunfos y tardes llenas de aplausos, pero de aquellas que también lo hicieron llorar, sentirse impotente, utilizado e incluso mal querido. Pero en estos escenarios, su coraje y valentía pudo más, para quedarse en el recuerdo grato y en el afecto nunca olvidado y siempre presente, porque se lo merece.

Un reponedor café y la calidez de su hogar, fue el punto de reunión con el gran Lindorfo Sepúlveda Cerpa, para conversar de la pasión que nos une como es el fútbol, esa vitamina que alimenta el alma, que traspasa y emociona.

La historia de este talquino tiene ribetes de hazaña y de héroe, por triunfar en un deporte que exige como norma de principio elemental el rigor y la disciplina, a las cuales respondió con un temple y coraje admirable.

¿Cómo llega al fútbol Lindorfo?

“Esto viene de chiquitito por edad, pero ya grande por estatura. Mi mamá me mandaba a buscar diarios donde una tía que vivía en la Abate Molina y yo los iba a vender al mercado para tener unos pesitos en la cartera. Fue en uno de esos días cuando pasé frente a la cancha del Talca National y me quedé mirando como unos niños jugaban al fútbol. Me aluciné y alguien me vio y se me acerca y me dice ¿te gusta el fútbol te quieres inscribir? y no lo dudé un minuto. A los pocos días estaba jugando en la primera infantil, pero de centrodelantero, y hacía muchos goles. Recuerdo que el presidente del club era Juan Cáceres y mi entrenador Nelson Torres. Tenía 13 años y jamás dimensioné que ese sería el punto de partida de mi carrera futbolística”.

¿Y cómo se produce su llegada a Rangers?

“Me hice amigo de Patricio, hijo del gran dirigente deportivo, Rudecindo Palma y ahí se produce mi llegada a las cadetes de Rangers. Jugué un año en primera infantil y muy poco en juveniles. Estando en juveniles Jorge Reyes, que valoró mis condiciones por el juego aéreo y la capacidad para barrer siendo fuerte, pero limpio, me convirtió en defensa central. Recuerdo que hubo un partido con Audax donde jugaría en esa posición ganamos 2-1. Los dos goles los hice yo. Don Jorge me dijo ‘¡Lindorfo este es tu puesto!’ y de ahí no me moví. A los pocos días fui llamado a la Selección Chilena Juvenil y me eliminaron, porque el presidente de la institución no me dejaba ir a Santiago a entrenar. Me las comí, lloré de rabia me dijeron ‘¡Lindorfo, eres uno de los mejores proyectos del fútbol chileno!’, ya que muchos clubes preguntaban por mí, pero, sin embargo, me quedé atrás, contra mi voluntad.  Ese año, el 82, Gastón Guevara me lleva al primer equipo, donde tenía como compañeros entre otros a Luis Alberto Isla, Juan Catafau y Mario Cerenderos”.

¿Y qué viene después?

“Se produce el descenso en el 82, pero Rangers se mantiene en primera por decreto y llega Orlando Aravena, quien siempre me consideró en el plantel. Yo era joven y tenía como compañeros de puesto a Atilio Herrera y Juan Carlos Hernández. Se armó un plantel de calidad y jerarquía futbolística, con buenas personas donde no había egoísmos y que siempre me enseñaron y apañaron. Como no recordar a Pablo Prieto, al ‘Chaguito’ Oñate y tantos otros que me protegían me cuidaban y me trataban muy bien. Recuerdo a Atilio Herrera, a quien yo le decía don Atilio, por respeto y admiración, él me regalaba zapatos de fútbol. Me sentía bien, me llamaban Lindofor y me halagaban con frases hermosas como ‘¡este chico es mañoso, es bravo y bueno para la pelotita!’. Ciertamente que me sentía más que halagado. El 84 y 85 me mantuve en el plantel y en las temporadas 86 y 87 me fui a Deportes Linares, donde también tengo lindos y gratos recuerdos de buenas campañas”.

Tras su paso por Linares, ¿vuelve un año especial?

“Así es vuelvo el 88 y ese equipo subió. Yo quería firmar por un año con el compromiso que si se subía me entregaban mi libertad de acción. El club quería dos años, pero se comprometieron a dejarme libre si se cumplía el objetivo y tampoco ocurrió. Tenía arreglado en Palestino, 10 millones de pesos por firmar por tres temporadas y un sueldo de más de un millón de pesos. Llego a Talca y otra vez el mismo dirigente desconoce el acuerdo y me vuelvo a frustrar”.

¿Y después?

“Ya el 89 con la amargura a cuestas por las deslealtades, me fui con Hugo Solís, que era el técnico de Arica, junto con Hermes Navarro y Gabriel Jeria. Era todo maravilloso, pero al segundo mes no pagaban y ahí los mismos tomamos la decisión de irnos a Antofagasta, donde al mes llega el propio Hugo Solís como técnico. Ese año subimos y fue una experiencia espectacular. Yo tenía un departamento amoblado cerca del estadio, con vista al mar y con los sueldos al día. Tras ese periplo en el norte me fui a Colchagua, teníamos un equipo para subir, pero de nuevo el tema de los sueldos impagos. Me llevan a Santa Cruz, donde estuve cuatro temporadas. Fue allí donde me sentí muy bien, cómodo y tranquilo, una ciudad cariñosa donde aún me recuerdan y mucho, pero finalmente los temas económicos terminaron por hartar mi paciencia y a los 32 años, aun con mucho que dar, decidí mi retiro del fútbol. Fue doloroso, porque no estaba preparado para ese cambio”.

¿Qué le dejó el fútbol?

“Fue todo. Me dejó amigos en todos partes, especialmente en Santa Cruz, donde fui un líder, me decían ‘El Tata’. Me siento un privilegiado, huellas imborrables, impagables y que me permitieron construir una familia que me hace feliz. Mi señora Claudia, con 41 años de matrimonio, ha sido mi apoyo, mi cable a mi tierra, mi eje, mi felicidad junto a mis hijos Diego y Camila y mis nietos Agustín y Gabriel, que me llenan el alma y mi corazón. Y que al mirarlos y abrazarlos me hacen sentir el hombre más feliz del mundo”.

¿Qué piensa de Rangers?

“Solo espero que una vez por todas hagan las cosas bien. Creo que hay que dar más opción a los jugadores de Talca, que a los extranjeros que muchas veces vienen a pasear”.

PÁRRAFO

Un libro escrito por Juan Carlos Vargas Navarro “De la cancha a la memoria: la historia de Unión Santa Cruz” dedica varias páginas a Lindorfo. Solo transcribo un párrafo que refleja su grandeza. “Es uno de los jugadores más queridos y recordados que han pasado por Santa Cruz, con su humor especial, anclado en el espíritu contra viento y marea se daba maña para contagiar a un camarín a veces sombrío por alguna derrota o dispar por las nubes negras de alguna tormenta generada por sueldos impagos. Ello por lo que genera este hombre bueno. Un compañero que siempre tuvo como bandera la alegría, la fraternidad y la generosidad que nos levantó en la tristeza y que nos dejó el recuerdo de una gran persona. Así es Lindorfo Sepúlveda, ‘El Tata’”.

Solo aplausos para Lindorfo, gracias por compartir tu motivadora experiencia de vida con diario La Prensa. Un grande de estatura y como persona. Por eso te quieren y mucho.