El presente de quienes también fueron heridos a bala la noche del crimen de José Miguel Uribe

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Tras ser encontrado culpable de los delitos que se le imputaron, Francisco Fuenzalida Calvo ahora espera conocer la sentencia que deberá cumplir.

Las otras víctimas. Se trata de tres personas, una de las cuales incluso reconoce que ha intentado quitarse la vida, ante la frustración que le genera enfrentar las secuelas producto de los proyectiles que recibió.

CURICÓ. Quizás, mediáticamente hablando, el juicio contra el ahora condenado Francisco Fuenzalida Calvo (62 años) se concentró en la responsabilidad que le compete como autor del crimen del joven José Miguel Uribe Antipani (25 años). Aquello dejó un poco “de lado” lo que sucedió con “las otras víctimas” de su actuar, aquella noche del 21 de octubre del 2019.

Durante los alegatos de clausura del citado juicio, el fiscal jefe de Curicó, Miguel Gajardo dio a conocer la actual situación por la que atraviesan las tres personas que también resultaron heridas a bala la noche del homicidio de José Miguel Uribe. De hecho, las lesiones que presentan son “invalidantes”, donde incluso uno de ellos aún mantiene la munición que recibió dentro de su cuerpo. 

CAMIONETA

Cabe recordar que tales incidentes ocurrieron en el contexto del denominado “Estallido Social”, cuando el ahora condenado salió desde su domicilio en dirección a la Alameda Manso de Velasco.

Gajardo indicó que diversos testigos vieron circular a Fuenzalida Calvo en su camioneta “de color rojo” por algunas arterias de Curicó, en particular, por el sector de la Alameda Manso de Velasco, lugar donde, con una pistola, efectuó disparos a las personas que se encontraban circulando, reunidas en gran número debido a las manifestaciones sociales que se habían generado en esos días. Respecto a los “primeros” lesionados corresponden a Nicolás Espinoza Rojas, Miguel Ayala Salinas y Ricardo Solís Opazo. Tras ello, Fuenzalida Calvo se trasladó hacia la Ruta 5 Sur, donde siguió con “dicha dinámica”, con el resultado ya sabido.

NICOLÁS ESPINOZA

A la fecha de los hechos, Nicolás Espinoza Rojas era un joven estudiante de 22 años, que a eso de las 22:00 horas del 21 de octubre del 2019, se encontraba en la Alameda Manso de Velasco, en el sector de calle Merced, mirando la situación que estaba ocurriendo en el supermercado Unimarc, donde algunas personas intentaban ingresar a ese local comercial, mientras que Carabineros trataba de impedirlo, mediante el uso de elementos disuasivos, específicamente, escopetas.

Cuando la situación se torna más compleja, Espinoza decide retirarse junto a un grupo de amigos, momentos donde siente un impacto en su pierna izquierda (muslo), que lo hace caer al suelo. Instantes más tarde, se percata que no podía moverse. Sus amigos detuvieron una ambulancia que circulaba por el sector, siendo trasladado al Hospital de Curicó. Su diagnóstico fue una grave fractura múltiple que le ha significado un largo tratamiento, con secuelas hasta el día de hoy.

Si bien declaró que no se percató de dónde pudo provenir el proyectil, lo cierto es que dijo que Carabineros no disparó al sector donde se encontraba. Además, acotó el propio fiscal Miguel Gajardo, que dicha policía estaba utilizando otro tipo de armamento (escopetas).

MIGUEL AYALA

Miguel Ayala Salinas se encontraba en el bandejón central de la alameda, entre calle Estado y Argomedo, también mirando los desmanes que estaban ocurriendo en el sector, específicamente en el supermercado Unimarc, cuando de pronto desde una camioneta roja le efectúan un disparo, resultando con una lesión en su espalda, la cual aún mantiene en su cuerpo. De acuerdo al peritaje balístico, corresponde a una bala 9mm, munición que quedó “alojada” en su espalda. El doctor que lo atendió recalcó que por el lugar donde fue a parar el proyectil perfectamente pudo haber tenido incluso un “desenlace fatal”.

RICARDO SOLÍS

Mientras estaba en la Alameda con su pareja y su hija de cortos años de vida, en las cercanías del Juzgado Laboral, Ricardo Solís Opazo sintió una especie de “electricidad” en su brazo izquierdo. Pensó que podría ser una especie de balín, pero no era así.

Como sangraba mucho, hizo un torniquete con una prenda de vestir y se trasladó al Hospital de Curicó, ya que no consiguió que alguien lo pudiera llevar a dicho recinto asistencial.

Si bien no supo quién le disparó, sí recuerda que por el sector circulaba una “camioneta roja”. Solís dio a conocer que se trata de un hecho que le genera una “profunda frustración”, por los daños “de por vida” que deberá enfrentar (el impacto del proyectil le dejó una secuela funcional). De hecho, reconoce, que incluso algunas veces ha pensado quitarse la vida. Se trata de ideas suicidas “frente a la realidad que ahora le toca abordar”.