¿Vuelta a clases presenciales?

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Editorial

El espinudo tema del regreso a clases presenciales en los diversos establecimientos educacionales del país es algo sumamente complejo y se ha estado convirtiendo en una especie de túnel sin salida, al menos en el corto plazo pues las cifras de contagiados por el Covid-19 se mantienen todavía altas y solo ocasionalmente se llega a una “meseta”.

El asunto es una especie de “río revuelto” en el que, paradojalmente, no hay ganancias para nadie (como dice la frase popular en la que se beneficia a los pescadores).

Hasta ahora, las opiniones –que se multiplican por miles en las redes sociales– parecen estar bastante divididas entre quienes temen que pudiera perderse el año escolar o al menos bajar el rendimiento a un mínimo histórico (como ya lo insinúan las recientes estadísticas) y aquellos padres y apoderados que se preocupan, con justa razón, por la salud de sus hijos e hijas, aunque hasta ahora prácticamente no hay evidencias alarmantes de decesos de niños y preadolescentes. 

Cabe recordar que a mediados del año pasado (2020), en medio de un nuevo y masivo cierre de escuelas por el ingreso a Cuarentena de las principales ciudades de Chile, un grupo de apoderados se reunió para formar un movimiento ciudadano orientado a pedir a las autoridades que el reinicio de las clases presenciales sea una prioridad.

El grupo autodenominado “Escuelas Abiertas” ha enviado mensajes y cartas al Colegio Médico, al Consejo Asesor Covid-19 y a los alcaldes para pedirles que consideren el retorno de las actividades en los establecimientos educacionales, aunque según la situación de cada lugar y con estrictas medidas de seguridad.

La abogada Lucía Buttazzoni, una de las líderes de la iniciativa ha dicho que: “Hemos visto e investigamos por evidencia internacional sobre los contagios… No somos expertos, somos papás, y ahí nos dimos cuenta que los contagios en colegios son muy bajos”.

Es interesante anotar, eso sí, que las realidades entre los colegios privados, los de la educación pública son muy diferentes; especialmente en cuanto al número de estudiantes por curso.

En el área particular apenas superan los 20 alumnos (as), en tanto que los de la red pública suelen superar los 40 estudiantes.