La pandemia y la delincuencia

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En la edición de ayer sábado de nuestro diario La Prensa, destacábamos dos notas que dicen relación con el plano policial y la seguridad ciudadana.

Por una parte, dábamos a conocer que la sección montada de Carabineros de Talca, está recorriendo casi 40 kilómetros diarios para asegurar la tranquilidad de la comunidad, mientras que otra crónica daba cuenta que la PDI (Policía de Investigaciones) había logrado la desarticulación de una banda criminal de una peligrosa banda criminal, con gran poder de fuego, también en la capital regional.

Si se analiza bien este tema de la delincuencia, podría decirse que, en Chile, las autoridades locales no tienen la real posibilidad de hacer (en materia de seguridad ciudadana) aquello que se encuentre fuera de las definiciones generales dadas por el nivel central y se ven constreñidos a accionar –y solicitar financiamiento– ajustándose a las directrices del gobierno central.

Muchos chilenos tuvieron la ilusión de que la violencia y la delincuencia común bajarían por el Estado de Excepción Constitucional por Catástrofe decretado en Chile, y aunque las cifras han cedido, también han proliferado ciertos modus operandi adaptados a las condiciones de confinamiento.

Tanto en nuestro país como en casi todas las naciones del continente, la pandemia por Covid-19 representa una crisis de tal magnitud que, para abordarla, resulta necesario integrar al tradicional concepto de seguridad ciudadana, elementos del enfoque de seguridad humana.

A los estragos provocados por la pandemia sobre la salud física –y también la salud mental– se agrega una larga lista de derechos y libertades afectadas, como consecuencia de las estrategias adoptadas para su control. 

La vida de las personas se ha visto trastocada de un modo impensable; las actividades regulares han sido significativamente alteradas, restringidas o suspendidas, donde el miedo, la impotencia y la confusión ante la pandemia, han propiciado incluso actos de violencia y amenazas contra el personal médico y la infraestructura sanitaria y las profundas diferencias sociales se han visto exacerbadas. 

Ciertamente, la expectativa que tuvimos en marzo del año pasado, de que la violencia y la delincuencia común tendrían una baja importante no se cumplió del todo; sin embargo, aunque ha cedido, lo ha hecho con intensidades distintas según el tipo de delitos.