Un escenario incierto y preocupante

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Como ha estado ocurriendo en muchos otros países del mundo, Chile está viviendo por estos días lo que parece ser uno de los peores ciclos en el marco de la pandemia mundial por el Coronavirus y las señales de alarma se encienden crecientemente en varias regiones y ciudades del territorio.

Lamentablemente, los índices de recuperación que en algún momento se evidenciaron, permitiendo un respiro dentro del Plan Paso a Paso, se han ido revirtiendo y los que ayer estuvieron viviendo, por un tiempo, en los “oasis” de Transición o superiores, ahora han visto con preocupación y desencanto, cómo han tenido que retroceder a las sofocantes y crudas cuarentenas.

Por lo visto este escenario se repite a nivel planetario y es así como el director de Emergencias de la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha alertado nuevamente de que no se podrá controlar la pandemia si no se aplican las medidas de salud necesarias dentro de las comunidades (como el distanciamiento físico, evitar multitudes, usar mascarillas, etc.) algo que es “imposible” si todavía hay gente que cree que el problema no existe.

¡Sí, en efecto!… Aunque parezca increíble hay muchas personas que mantienen sus propias y locas creencias que lo del Covid-19 es una “plan-demia” u otros tipos de “conspiraciones internacionales”.

Y si a eso sumamos las fiestas clandestinas y diversos otros eventos masivos no autorizados, el cuadro parece todavía peor.

La Agencia de la ONU para la Salud advirtió que los países e individuos no pueden quedarse de brazos cruzados ante la amenaza de un “tsunami de casos”, a pesar de la fatiga que crece en las sociedades ante las medidas de distanciamiento físico. 

Los contagios siguen aumentando con la mayor cantidad de pacientes reportados desde el comienzo de la pandemia y los expertos insisten en que “una prueba negativa de Covid-19, no es una licencia para ignorar las medidas de salud”.

Obviamente, no es posible obligar a nadie a pensar de determinada manera y se trata, entonces, de discutir; de conversar; de compartir recursos entre las personas. 

En un escenario incierto y preocupante como el que vivimos, el deber de proteger a los más vulnerables es realmente difícil, pero no imposible y en la medida que logremos unidad y consensos, saldremos de esta dramática coyuntura humana, social y económica.