Cuando el mundo era “ancho y ajeno”…

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Nuestro título de hoy pretende hacer un nexo entre el título de una de las obras más famosas del gran escritor, político y periodista peruano, Ciro Alegría Bazán (“El mundo es ancho y ajeno”) y la idea de “aldea turística” que planteara el profesor y filósofo canadiense, Marshall McLuhan, en la década de los 60 del siglo pasado. 
Aún cuando la obra de Alegría, es de corte indigenista y está ambientada en un pasado más bien remoto, su contenido retrata la constante lucha de los comuneros por no ser arrojados de la tierra a la que están fuertemente unidos, realidad que se vendría a contraponer a la revolucionaria “propuesta” de MacLuhan, aunque en un mismo plano humano.
El estado actual del desarrollo turístico alcanza la escala global, reproduciendo una “aldea turística” en aquellos lugares que, por diversas cualidades, presentan condiciones óptimas para insertarse en el mercado de destinos turísticos. 
Y, en buena medida, ha sido justamente el turismo (junto al avance arrollador de la economía social de mercado) lo que ha estado rebajando los límites de las fronteras, permitiendo que cualquiera viaje a cualquiera parte.
Sin embargo, el panorama humano que se vive desde hace casi 10 meses, a raíz de la pandemia del Coronavirus, ha hecho tambalear las economías de gran parte del planeta y todos los gobiernos se ven obligados a mantener una vigilia y control riguroso y constante de sus fronteras.
Así y todo, hay “fisuras” o grietas -particularmente las asociadas al ámbito de las compañías aéreas que cumplen vuelos internacionales- y es por ahí donde se filtra mayormente el maldito virus.
Uno de los casos más recientes se refiere a un chileno que habría volado desde el Reino Unido hasta nuestro país y posteriormente se desplazó hasta Temuco en la Región de la Araucanía.
Esta persona, al chequearse, habría dado positivo pero no con el virus propio del Covid, sino que de una variante cuya contagiosidad es superior a la que apareció el año pasado en la ciudad China de Wu Han.
El peligro de la “aldea global” se hace, entonces, más alarmante y ello nos hace añorar aquel tiempo en que “el mundo era ancho y ajeno”, lo que traducido “al chileno” querría decir algo así como: “juntos, pero no revueltos”.