El Covid-19 y los verdaderos Inocentes

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Por muchos años, en la existencia del Cristianismo y más concretamente de la Iglesia Católica, esta fecha del 28 de diciembre, se estuvo prestando para una interpretación o forma de “conmemoración” bastante antojadiza y hasta grotesca, simulando ser simpática y creativa.

La verdadera raíz histórica de esta efeméride no tiene en absoluto que ver con el afán de hacerle pesadas bromas a la gente (muchas veces sin mayor gracia), haciéndolas pasar “por crédulos e  inocentes” y citando a simbólicos personajes como Pilatos y Herodes.

Si le damos crédito a las versiones bíblicas, el origen real de este asunto es más bien macabro y dice que: “El Día de los Santos Inocentes es la conmemoración de un episodio hagiográfico del cristianismo: la matanza de los niños menores de dos años nacidos en Belén (Judea), ordenada por el Rey Herodes Primero, el Grande, con el fin de deshacerse del recién nacido Jesús de Nazaret”.

Pero no es nuestra intención ahondar en este fragmento asociado a los primeros años del cristianismo, ya que el propósito de este preámbulo es solo una forma de crear conciencia acerca de las dramáticas circunstancias sociales y humanas a las que nos ha llevado la pandemia del Coronavirus y la forma cómo este escenario ha estado perjudicando particularmente a miles de niños pequeños (los verdaderos inocentes) y a sus progenitores, que sufren y se deprimen al tener que mantenerlos casi recluidos y aislados para evitar que se contagien.

Obviamente, a niños, cuyas edades van desde los 2 hasta los 7 años aproximadamente, no se les puede pedir que entiendan y dimensionen la tragedia que está viviendo la humanidad en general y el por qué ellos (as) deben permanecer dentro de sus casas y no pueden jugar con sus amiguitos ni salir a pasear.

Y todo este penoso y frustrante cuadro social y familiar, mantiene –especialmente a las mamás– en un delicado umbral psicológico y trastornos de su sistema nervioso, incluyendo la falta de sueño verdaderamente reparador.

¿Por cuánto tiempo más podría prolongarse este orden de cosas tan ingrato que ha cambiado casi por completo la forma normal de convivencia social?

Ojalá pudiéramos saberlo con certeza y hoy solamente nos queda esperar que la aplicación de las vacunas vayan dando progresivamente buenos y positivos resultados, y comience a verse la luz al final de este “túnel” que a ratos nos parece interminable.