“Desfile” de “cartas presidenciables”

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Un verdadero “desfile” de “cartas presidenciables” es el que se ha podido observar durante los últimos días, ya sea en los propios medios de comunicación, como a través de diversas redes sociales. Si bien varios de tales anuncios corresponden a los naturales procesos que se generan en la interna de los partidos políticos, esta vez aquel escenario ha llamado la atención más bien por la cantidad de nombres que han manifestado sus legitimas aspiraciones de transformarse en la figura que reemplazará a Sebastián Piñera. 

Ahora, es cierto: se trata de una carrera que comenzó desde hace bastantes meses, lo que, en un ambiente político donde “lo volátil” o lo “líquido” se impone, no garantiza cierta “ventaja” a la hora de la que será la respectiva votación. 

Sobre las posibles cartas, hace varios meses atrás, en este mismo espacio dábamos cuenta del fenómeno que se estaba presentando respecto a los nombres que más marcaban en las encuestas para ocupar el principal sillón del Palacio de La Moneda. Las principales cartas correspondían a alcaldes como Joaquín Lavín o Daniel Jadue. Con el paso de los meses irrumpió la figura de la diputada Pamela Jiles (ligada sobre todo a los retiros de fondos previsionales), y luego de las renuncias de Mario Desbordes al Ministerio de Defensa y de Sebastián Sichel a la presidencia del BancoEstado, la carrera para la elección presidencial, a realizarse el 21 de noviembre del 2021, empieza a tomar cada vez más fuerza. 

El número de políticos que, o ya han manifestado su intención de postular al cargo de la presidencia, o suenan como posibles cartas, es particularmente extenso: Francisco Vidal, Heraldo Muñoz, Carlos Maldonado, Evelyn Matthei, Francisco Undurraga, Ximena Rincón, Alberto Undurraga, José Antonio Kast, Jorge Tarud, Álvaro Elizalde… listado que debería seguir creciendo. 

Es cierto, cumpliendo con los respectivos requisitos, en el papel “cualquier persona” (no necesariamente tiene que estar vinculada a un partido político), podría candidatearse para obtener el principal cargo por voto popular que detenta nuestra democracia. Lo que llama la atención es la “antigua fórmula” que algunas colectividades siguen utilizando para “posicionar” algún nombre. 

La lógica de estos tiempos indica que primero necesariamente se debe “legitimar” desde la propia ciudadanía, para allí dar paso a tal aspiración. Y no al revés, más bien forzando escenarios que a la larga son ficticios.