Hacia el verano profundo

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Mientras los países del hemisferio norte se preparan para celebrar la primera Navidad y Año Nuevo “pandémicos” en más de un siglo; en medio de bajísimas temperaturas y con las consabidas restricciones determinadas por el Covid-19, acá en el sur hemos entrado al período del “sol quieto” (eso significa la palabra solsticio, derivada del latín).

En Chile, la estación veraniega 2020 comenzó exactamente a las 7 de la mañana y tres minutos de este lunes 21 de diciembre, culminando el 21 de marzo de 2021.

El fenómeno mundial del cambio climático viene generando –desde hace ya varias décadas– notorias alteraciones que se advierten especialmente en las temperaturas ambientales y ya en las semanas finales de la primavera hemos alcanzado registros superiores a los 30º C.

Y, lo peor de todo: ya se han presentado varios incendios forestales que si bien no son tan numerosos, en lo que a superficie afectada es bastante alta, arrasando con pastizales y algunas especies arbóreas nativas.

Ese negativo escenario ha obligado a las autoridades de toda la zona central, a disponer y reforzar todos los recursos para combatir el fuego como unidades aéreas y personal en tierra, especialmente cuadrillas de la Corporación Nacional Forestal (Conaf).

Sobre este aspecto, no se descarta la criminal e irresponsable intervención de gente desquiciada que podrían haber provocado intencionalmente estos focos de fuego y se hace un llamado a la comunidad en general, para denunciar a los eventuales culpables de estos delitos. 

Por otra parte, este verano tendrá características muy distintas a un año normal, a raíz de la crisis sanitaria del Coronavirus y, sin lugar a dudas, el área más perjudicada económicamente será la del turismo que se verá reducido ostensiblemente, debido a las medidas precautorias y de seguridad sanitaria para evitar los contagios del coronavirus lo que incide incluso en las actividades al aire libre como son el trekking; el camping y el andinismo, entre otras.

Si se quiere hilar muy fino, una de las poquísimas ventajas de este verano tan irregular que vamos a enfrentar, radica en el hecho de que, al no poder la gente disfrutar de unas vacaciones “normales”, con viajes a distintos balnearios, no habrá viviendas sin moradores y en consecuencia no se registrarán los “habituales” robos en casas particulares.