Lo falso, lo posible y lo creíble…

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Comencemos “por casa”…: En Curicó todavía hay gente (la mayoría ancianos, eso sí) que cree que el hermoso Kiosco metálico de la Plaza de Armas es un “botín de guerra”, traído desde Perú por soldados chilenos, tras el triunfo en la Guerra del Pacífico.
Eso es falso, de falsedad absoluta y hay registros históricos –con documentos y todo– que demuestran que esa verdadera joya patrimonial fue mandada hacer en Santiago y además se cuenta lo complicado que fue juntar el dinero para que el municipio de ese entonces (1905) pudiera pagar el costo del dichoso kiosco, para lo cual tuvo que mediar el Intendente, don Arturo Balmaceda Fontecilla.
Sigamos en nuestra región…: En Talca fue famosa por muchos años la leyenda de La Calchona y se dice que… “era una bruja que vivía con su marido y sus tres hijos pequeños. Su familia no sabía que ella practicaba la brujería ni que en su hogar ocultaba pociones mágicas que, al aplicarlas en una persona, permitían transformar un humano en un animal”.
Años más tarde se registró un bullado crimen ocurrido muy cerca del puente que llevaba el nombre de La Calchona.
Pero hay una enorme distancia entre ese crimen contemporáneo muy mediatizado y las afiebradas mentes que habían dado forma a una leyenda aterradora de fines del Siglo XVIII.
Este tema da para mucho y últimamente –con esa tendencia majadera de dar nombres ingleses a lo que fácilmente se podría expresar en nuestro idioma– se está hablando de las “fake news” (“noticias falsas”).
A raíz de eso, ahora han surgido los “conspiranoicos” que gustan de echar a correr toda clase de absurdas teorías o creencias que rozan con lo ridículo y grotesco. Según esta gente, el Coronavirus y la pandemia del Covid-19 no existirían y dicen que se trataría de una “conspiración”.
Las teorías de la conspiración han encontrado un aliado poderosísimo para su difusión: internet, un interminable depósito de información que se acumula y difunde a toda velocidad por todas partes sin que nadie compruebe su veracidad.
La complejidad del mundo actual, su acelerado ritmo y la sobreinformación que dificulta interpretarlo es el alimento de los creyentes en las maquinaciones a gran escala. Después del sentido común, lo que debemos tener es un conocimiento suficiente de la historia pues ella siempre nos enseña dos cosas: las casualidades existen y eso es algo que niega todo conspiranoico.