Baja participación

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Locales de votación vacíos y mesas con muy pocos sufragios. Esa fue la principal imagen que quedó en la retina tras las elecciones primarias, de cara a los comicios municipales y de
gobernadores de abril del próximo año. 
En términos generales, lo que ocurrió el pasado domingo vino a ratificar lo que una serie de expertos vaticinaron en la previa: una baja participación por parte de la ciudadanía. Independiente de la ya conocida por todos “desafección” que existe hacia la clase política, un proceso como el que se vivió el reciente fin de semana no debe ser “comparado” con otros de similar naturaleza, como por ejemplo, una elección presidencial o parlamentaria.
Si bien se pueden poner sobre la mesa una serie de puntos que justifican aquella idea, en estricto rigor, se trató de una “fiesta de la democracia” a la que no todos estaban invitados. Por dar un par de ejemplos: considerando que nuestro país detenta 346 comunas, solo en 36 hubo primarias para el máximo cargo municipal. Es más, en ninguna de tales comunas dicho proceso se celebró con candidatos de los cuatro pactos que se inscribieron (en 32 de ellas, solo un pacto; y en cuatro, dos pactos). Respecto al nuevo cargo de gobernador regional, en ninguna región de Chile compitió la totalidad de los pactos (en cinco regiones, hubo un pacto compitiendo; en 10 regiones, dos pactos; y en una región, tres pactos).   
¿Habrá faltado una mayor difusión del proceso? Puede ser un punto, más aún cuando también estaban en juego cupos, como decíamos, para un cargo inédito como el de gobernador regional. También hay que considerar el nivel de “convocatoria” de los propios candidatos que fueron propuestos a la ciudadanía. Muchos de aquellos nombres seguían cargando un estereotipo más bien vinculado “a la antigua forma de hacer política”.    
Independiente a todos los cuestionamientos, abrir nuevos espacios de participación a la ciudadanía siempre será algo positivo para la democracia, sobre todo considerando que se trata de decisiones que antes simplemente se tomaban “entre cuatro paredes”.