Una sorpresiva renuncia

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Editorial

Durante este jueves los hinchas de Curicó Unido se llevaron una gran sorpresa tras enterarse de la dimisión del argentino Nicolás Larcamón a la banca albirroja. Observando la tabla de posiciones del balompié criollo, los albirrojos se encuentran en el quinto casillero, en zona de clasificación para copas internacionales, lo que habla del buen trabajo que estaba realizando el citado DT. Considerando aquel punto, no es raro que exista el interés de otras instituciones, en este caso del extranjero, por contar con los servicios de Larcamón y su cuerpo técnico. De hecho, resulta hasta lógico, y dentro de las reglas del juego, algo posible (por lo mismo, en los contratos existen cláusulas de salida, entre otras figuras de carácter legal). 
Se trata de un hecho que, por su relativa semejanza, vuelve a recordar otras “traumáticas salidas” como la de Pablo Abraham, o bien, la de Jaime Vera. La sensación que queda en el hincha es que se deja un proceso “a medio camino”, que por lo mismo, podría poner en peligro la proyección que en el papel se lograba divisar. Reiteramos, todo profesional tiene el legítimo derecho a buscar mejores condiciones laborales, o bien donde pueda “proyectar” las capacidades que tenga. En este caso, el “gran detalle” está en el momento donde se presenta este “paso al costado”, ad portas de que el club se encamine a un logro histórico en su corta vida, al menos en la máxima categoría del fútbol profesional chileno. 
Independiente del nombre que se escoja o arribe, la dirigencia albirroja deberá trabajar en poder darle continuidad al proyecto que se estaba ejecutando, que permita garantizar el correspondiente protagonismo, sobre todo a los jugadores formados en casa, identificados con la institución, quienes ya están demostrando en cancha sus capacidades y condiciones.