Tomas, okupas y “ramos similares”…

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Editorial

Partamos diciendo que la presente nota editorial está “inspirada” o motivada en un episodio social ocurrido esta semana en Curicó. Concretamente, se trató del desalojo pacífico de un inmueble ubicado en la Alameda Manso de Velasco y que estuvo habitado ilegalmente, durante largo tiempo por un grupo de personas.

Este suceso bien podría conformar la punta de un “iceberg” social gigantesco y que se manifiesta de las más diversas formas y nombres, que se les ha ido asignando con el correr de los años.

En casos como el de este hecho puntual, a las personas que ingresan ilegalmente a una vivienda para permanecer allí sin la autorización de nadie, se les llama “okupas”.

Este singular movimiento social surgió hacia fines de los años 60’ en Europa y se dice que fue motivado por una crisis habitacional provocada por el aumento descontrolado del sector inmobiliario, el que, sumado a la precariedad laboral, restó la posibilidad a muchas familias de acceder a una vivienda propia. 

Así las cosas, nace el movimiento Okupa, presentándose como una alternativa a este conflicto, expresando el antagonismo entre el valor social de las viviendas y su uso como medio de enriquecimiento privado, según expresan algunos estudiosos del tema.

Los índices de cesantía crecieron; familias completas quedaron en una situación de desamparo y así, la “okupación” de viviendas y edificios abandonados se convirtió en una forma real de suplir la carencia de una vivienda digna.

El fenómeno se extendió por toda Europa y, en la década de los ‘80 se observan las primeras “okupaciones” en Sudamérica, las que fueron expresión de una juventud oprimida y sin espacios de expresión en sociedades que estaban sumidas en el letargo provocado por las dictaduras militares.

Un poco antes, en Chile ya se habían hecho habituales las “tomas” de terrenos y las consiguientes formaciones de las tristemente populares “poblaciones callampas” que han sido problemas difíciles de abordar para los sucesivos gobiernos.

Hay una arista que, sin embargo, no debe ser incluida en esta problemática social y que se refiere a personas irresponsables que arriendan una vivienda y luego dejan de pagar el alquiler y se niegan a abandonar la casa, dejando en medio de la rabia y la impotencia a sus legítimos dueños.