Un mensaje más que claro

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Editorial

Si bien tras el Plebiscito del pasado domingo, la mayoría de los titulares de los medios de comunicación se centró en lo que fue la victoria de la opción Apruebo, no resulta para nada menor el fenómeno que se presentó con la otra papeleta que los electores tenían que marcar, la que estableció el órgano que se deberá utilizar para dar curso a una nueva Constitución: el triunfo de la Convención Constitucional por sobre la Convención Mixta fue aún más “contundente”, alcanzando casi el 79%. Se trata de otro “mazazo” para la tan vapuleada clase política, la misma que en las encuestas aparece muy cuestionada por no estar “a la altura” de las necesidades o expectativas que presenta el grueso de la población. 

En definitiva, el mandato expresado en las urnas señala que la nueva Carta Magna que tendrá nuestro país estará escrita íntegramente por personas elegidas por la ciudadanía. Por ahora lo único “garantizado” es que la citada Convención Constitucional será paritaria con respecto a la cantidad de mujeres y hombres en su composición, quedando aun pendientes dos grandes temas: los escaños reservados para representantes de pueblos originarios y las normas especiales para la inscripción de candidaturas independientes. 

La lección que deja este amplio margen de triunfo del Apruebo y de la Convención Constitucional, es que la gente quiere participar, quiere ser protagonista, quiere tomar decisiones, pero no con la lógica de los ejes que marcó a la política de décadas anteriores, esa donde unos pocos “capturaban” la voluntad de la mayoría. En otras palabras, si en la elección de abril del próximo año (donde se definirán a los constituyentes) se terminan viendo “las mismas caras de siempre”, se podría producir una tremenda decepción.

De ahí el desafío que ahora tiene esa misma clase política: poder asegurar una “competencia leal y honesta” a los independientes, para que así dicho proceso no sea “secuestrado” por unos pocos. Además, en lo particular, los partidos tienen que realizar los ajustes que sean necesarios para que, dentro de sus listas, tengan cabida los propios independientes, y en el caso de llevar militantes, aplicar una necesaria “renovación de rostros”. ¿Serán capaces esta vez de entender el mensaje que la ciudadanía entregó, fuerte y claro, el domingo recién pasado?