La muerte en tiempos de pandemia

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Editorial

Cuando en el mes de marzo de este año, la Organización Mundial de la Salud (OMS), declaró estado de “pandemia” a raíz de la enorme velocidad de contagios por el Covid-19, sin duda eran muy pocas las personas que pudieron percibir en ese momento los tremendos alcances sociales y humanos en general, que esta medida iba a plantear a nivel mundial.

Por supuesto, en un comienzo, lo que más interesaba era el aislamiento de los pacientes afectados por el virus y el confinamiento de las personas que se iban contagiando y luego toda esa serie de drásticas normas, que llevaron incluso a cerrar y/o establecer rigurosos controles sanitarios en puertos y aeropuertos para tratar de evitar la expansión del temible virus.

Como ya se ha visto, todo ese cuadro provocó un caos en lo económico y laboral en todos los países. Recordemos que la palabra “pandemia” viene de las raíces griegas Pan (todos) y Demos (pueblos) y nada ni nadie quedó ajeno a las severas decisiones de la entidad mundial.

Poco a poco, sin embargo, la gente se fue adaptando a la situación y el uso de la mascarilla, el alcohol gel y el lavado constante y acucioso de manos, se fue haciendo cosa corriente y cotidiana.

Casi todos los aspectos de la vida están relacionados con la crisis sanitaria, pero hay un aspecto que se vuelve particularmente penoso y deprimente, frente al que nadie queda indiferente y eso está relacionado con la muerte de familiares y seres queridos, haya sido o no a causa del Coronavirus.

Por cierto, si el deceso es por Covid-19, las disposiciones sanitarias, son mucho más estrictas y deben ser respetadas, pero en los casos de muertes “por causas naturales”, de todas maneras, está prohibida la celebración de velorios en domicilios y si es un recinto debidamente autorizado y sanitizado, la asistencia está restringida al núcleo directo del fallecido con un número máximo de 20 personas.

Todo esto conforma un escenario aún más doloroso para los integrantes directos de las familias de los y las fallecidas en cada ciudad o pueblo y la Región del Maule no ha sido la excepción.

En Curicó, por ejemplo, en horas recientes se ha debido lamentar el deceso del apreciado profesor, músico y animador radial Juan Carlos Vergara Silva, muy conocido en los planos sociales y artísticos, y lo que debía traducirse en una masiva asistencia a sus funerales, ha quedado circunscrito a numerosos mensajes por la redes sociales, como ha sido la tónica ante el fallecimiento de otros grandes curicanos.