Una amenaza permanente

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Editorial

La pandemia del Coronavirus ha dejado en evidencia una serie de desigualdades en nuestro país… no es lo mismo pasar meses encerrados por la cuarentena en un hogar donde hay dinero, recursos, alimentos y las facilidades de quedarse en casa; que pasarla en un hogar donde para poder comer es necesario salir cada día y reunir el dinero.

También han quedado en evidencia las brechas que existen entre los estudiantes, pues mientras algunos tienen el apoyo y el conocimiento de sus padres, los elementos tecnológicos y la conexión a Internet; otro tienen que subir al techo de sus hogares para tener “una rayita” de señal.

Y un tema que preocupa a las autoridades y a toda la sociedad en su conjunto, es el maltrato y la violencia intrafamiliar que han tenido que vivir miles de mujeres que, al estar en estado de confinamiento con sus parejas, han visto como los diferentes tipos de violencia se incrementaron.

Es tremendamente lamentable que las mujeres aún tengan que pasar por este tipo de situaciones, ser víctimas de sus parejas que se sienten con el derecho de ponerles la mano encina, violentarlas sicológicamente, someterlas en el ámbito económico, y hacerlas pasar por “un infierno en la tierra”.

Y ese es el gran problema: estos sujetos “se creen con el derecho” de hacer lo que quieran, acrecentando un problema que en Chile no se ha podido controlar y menos extinguir.

Y aún más, no se ha podido terminar con los casos de mujeres que salen de su casa, como cada día, y desaparecen, dejando a sus familias con la angustia permanente, sin tener respuestas, sin saber si sigue viva o no, pero siempre albergando una esperanza que día a día se va apagando.

No es posible que una persona desaparezca de la faz de la tierra sin dejar ningún tipo de rastro y en este punto todos tenemos una responsabilidad, como sociedad completa.

Pues si alguien es testigo de un maltrato, de violencia intrafamiliar, o cree haber visto en alguna parte a esa mujer que están buscando, tiene la responsabilidad y el deber moral de hablar, de entregar la información a las autoridades o funcionarios policiales que corresponda.

Las mujeres aún viven en una amenaza permanente, dentro y fuera del hogar, y es un deber de todos ser un aporte para que de una vez por todas ellas puedan vivir tranquilas.