El estúpido cuento del lobo

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Editorial

Todos (o la gran mayoría) sabemos de sobra el famoso cuento de Pedrito, el niño aquel que gozaba alertando a los vecinos que venía un lobo feroz y todos partían a esconderse y el  maldadoso pequeño se burlaba riéndose de los ingenuos, porque no era cierto.

Hasta que un día, el lobo vino de verdad y mató y se comió al chiquillo mentiroso.

Todos sabemos que los lobos existen… como también existen los terremotos ¡¡Como no lo vamos a saber especialmente nosotros, los chilenos!!

Nadie está diciendo que los geólogos y particularmente los sismólogos, sean alarmistas, pues en su enorme mayoría son gente seria y muy profesional, pero ciertos medios de comunicación (que en algún momento de la historia recibieron el calificativo de “amarillistas”) suelen tener un notorio parecido con Pedrito.

En los días y semanas recientes se vienen repitiendo y magnificando, en algunos medios, comentarios basados en “datos” vinculados a posibles fenómenos telúricos de gran magnitud que podrían ocurrir en la zona norte y central de Chile.

Y en las redes sociales no faltan los que se hacen eco de esas “supuestas” predicciones, sin pensar en las inquietantes reacciones que se generan en muchas personas sensibles, particularmente en aquellos que han sufrido traumáticas experiencias en los últimos terremotos. 

La realización de pronósticos exige que la población tenga una cultura sísmica altamente desarrollada y las falsas alarmas no desprestigian a los sismólogos, dado que las incertezas son naturales en todas las ciencias.

Por otro lado, también existen países donde ocurre lo contrario, razón por la que el pronóstico podría llegar a causar mayor daño que el terremoto en sí mismo.

Se debe enfatizar la inutilidad de cualquier predicción en ausencia de una población “sísmicamente culta”. Una predicción también resulta ser contraproducente si se sabe que los medios periodísticos compiten por el titular más sensacionalista.

En escenarios de este tipo, el efecto del imparcial y objetivo aviso puede ser peor que el efecto del silencio.

Bastante alterados estamos ya los chilenos con esto de la pandemia y sus consecuencias, como para que vengan nuevamente con el cuento estúpido de que viene el lobo (léase, terremoto).

Somos y seguiremos siendo un país sísmico. Es nuestra naturaleza.