El Síndrome de la Cabaña

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Editorial

Una de las conversaciones más recurrentes que por estos días se presentan al interior de los círculos de contacto que tienen las personas, en el actual contexto marcado por la pandemia del Covid-19, es la “añorada” idea de que “a la vuelta de la esquina” nos estaría esperando esa “normalidad” que se quebrantó -al menos para nosotros- tras la confirmación del primer caso positivo de dicha enfermedad en territorio nacional (curiosamente se trató de una persona que residía en suelo maulino).

Si bien (a pesar del impacto) para muchos se trata de un escenario “ya asumido”, no pocos son los que han reaccionado “con cierta rebeldía y miedo” a la idea de volver a socializar e interactuar bajo esta “nueva normalidad”. 

Justamente es en ese punto donde surge una patología poco conocida, pero que la pandemia se ha encargado de traerla a la palestra: nos referimos al denominado “Síndrome de la Cabaña”. Quienes lo padecen experimentan una sensación de miedo “por el hecho siquiera de pensar” en tener que salir del hogar, esto ante un latente temor ligado al riesgo de contagio. 

Por lo mismo, como decíamos no todos están dispuestos a moverse de ese espacio que se transformó en el lugar de protección y refugio tras varias semanas de confinamiento, sobre todo de cara a la idea de tener que enfrentar una “realidad muy diferente” a la acostumbrada. 

Los adultos mayores son aquellos que tienen mayor probabilidad de desarrollar este síndrome, pues es la población más vulnerable al virus, por ende, son aquellos con mayor miedo de salir de casa y contagiarse.

Los expertos coinciden en que la mejor forma de afrontar el malestar que produce este síndrome es, por un lado, no perder de vista que se trata de una respuesta lógica -y puntual- a la situación que hemos vivido y, por otro, aprender a adaptarse a la “nueva realidad” que se perfila de cara a los próximos meses. 

Si bien resulta complejo buscar respuestas, sobre todo cuando se trata de una temática que forma parte de la tan postergada -en nuestro país- salud mental, lo concreto es que las personas que se encuentren en dicha situación requieren contar con el apoyo y la comprensión de quienes integran su círculo cercano. En el caso de que se trate de personas que cuenten con un vínculo laboral, por intermedio de una serie de acciones, el empleador también debe cumplir un rol fundamental en materia de contención, para hacer que este proceso sea lo más saludable, efectivo y llevadero posible.