Algo que debería avergonzarnos…

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Editorial

¿Será una cuestión de pura falta de conciencia social, que se contrapone a la supuesta cultura humanista-cristiana en que vivimos?
¿Será que se nota mucho que los países latinoamericanos somos “demasiado jóvenes”, comparados con las milenarias culturas asiáticas?
Japón es el país que más respeto y veneración tiene por sus ancianos y los últimos datos señalan que el 23,3% de la población japonesa (29.8 millones de personas), tiene 65 años o más, de acuerdo con cifras publicadas por el Gobierno central de Tokio y el trato que recibe la inmensa mayoría de los ancianos (as) nipones, es verdaderamente ejemplar.
En el otro lado de la medalla, los numerosos casos de maltrato, abuso y menosprecio para con los adultos mayores en Chile -durante gran parte de su historia- constituyen una cruda realidad, que debería avergonzarnos como país.
Abandono, crueldad, abuso, desamparo, y una indiferencia incomprensible, suelen quedar en evidencia cada tanto tiempo en la geografía humana de Chile y el reciente caso registrado en nuestra Región del Maule (concretamente en Linares), es solamente una muestra del penoso panorama que debería hacernos recapacitar como sociedad.
Curiosamente, la situación de la señora Adriana, vecina linarense, que a sus 88 años fue desalojada de su casa y dejada en la vía pública por su propia hija, tiene un correlato casi “calcado” con otra abuela, de 84 años, identificada como Emma Grimoldi, de Buenos Aires (Argentina).
En ambos casos, no solo hay una clara situación de abandono y desamparo, sino que también una usurpación respecto de la propiedad de las respectivas viviendas.
En lo de Linares se trataría de un contrato de compraventa que, según la autoridad, sería falso y por medio del cual la hija (María Fernanda) se habría quedado con la casa de su madre.
Y respecto a lo de Argentina, la hija le dijo a su mamá que se fuera, porque “quería vivir tranquila” con su marido, pero doña Emma dice tener todos los papeles que comprobarían que es dueña de la vivienda.
La mujer de Linares, al contar su versión dice que: “Mi madre salió por sus medios desde la casa, tomada de mi brazo”, pero es incomprensible que no se haya preocupado de ver cómo iba a ser la situación de ella en las horas y días sucesivos.