El contenido de los argumentos

0
263
Editorial

Tras varias semanas desde que comenzó el proceso de retiro de fondos previsionales, que fue aprobado con una amplia mayoría en el Congreso de nuestro país, existe una especie de consenso general que dicha acción (obviamente en conjunto con otras) ha permitido “reactivar” el alicaído presente en el que se encuentra nuestra economía, golpeada por los vaivenes derivados de la pandemia del Covid-19. 
Atrás han quedado declaraciones que advertían los “catastróficos” efectos que tal decisión iba a generar entre los chilenos: “Lo que van a provocar, si esto se aprueba, es que Chile se va a incendiar”; “Nos vamos a transformar en un país bananero”, son solo un par de ejemplos de frases que daban a entender escenarios que ni siquiera han estado cerca de  presentarse. Por el contrario, se trata de una iniciativa que trajo algo de tranquilidad a un segmento de la población que, precisamente, se sintió totalmente excluido de los programas de apoyo (bonos, créditos, etc.) en su momento anunciados desde el Gobierno.
De cara a los distintos procesos que se avecinan, independiente de las diversas posturas que de manera natural se presentan frente a un tema, de por sí necesarias en el contexto de un debate, cabe recalcar la importancia de abrazar argumentos que tengan un contenido o respaldo que se pueda sustentar en el tiempo. 
Es menester de quienes detentan cargos de connotación pública (o que aspiran a ellos), ser conscientes de la responsabilidad que implica emitir mensajes cuyo razonamiento se aleje de toda lógica, y que más bien responden solo a intereses de carácter particular. 
El lenguaje crea realidades y es acción. Lo que una persona dice y hace puede establecer una diferencia no solo para su actividad, sino para su vida y la vida de los demás.