Literalmente hablando ¡Algo huele mal!

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Editorial

Al parecer, la gran mayoría de los hispanoparlantes somos de lo más relajados al hablar nuestro idioma común y por eso hay muchas palabras (especialmente ciertos verbos) que usamos indebidamente y con frecuencia.

Y decimos esto –a modo de preámbulo– a propósito de un problema que tiene que ver con la salubridad pública de toda la zona urbana de la ciudad de Curicó y que en las últimas semanas se hecho muy evidente y se multiplica en las redes sociales.

Y es que se trata de una hediondez (esa es la palabra correcta), a ratos insoportable, que se dispersa por el aire y recorre de sur a norte y de oriente a poniente las calles, barrios y casas.

Y aquí volvemos al idioma… porque si los curicanos (as) “olieran mal” el problema sería insignificante ya que el verbo “oler”, según la RAE, en su primera acepción, dice: “Percibir los olores”.

Conclusión, entonces: “Los curicanos huelen muy bien” porque, al percibir nítidamente los hedores nauseabundos a que hacemos referencia, se están quejando en todos los tonos y este asunto ya está en conocimiento de las autoridades, las que han afirmado que tomarán cartas en este asunto que podría llevarnos a aclarar que “algo hiede mal”.

Últimamente, se ha difundido que se trataría de la aplicación de guano para fertilizar las tierras de cultivo (aledañas a la ciudad) y todos sabemos que ese “guano” no es otra cosa que excremento de aves, particularmente de las gallináceas y que, al entrar en biodegradación, emite olores tremendamente desagradables para el olfato humano, a tal punto, que las personas más sensibles hasta sienten ganas de vomitar.

En un comienzo, algunos vecinos pensaban que se trataba de malos olores que se podrían generar por obstrucciones en la red de alcantarillado, lo que podría suceder, pero solo en casos puntuales y de menor magnitud.

Esta situación conflictiva se suma a otro problema, también muy molesto, y que perjudica más que nada a los habitantes del sector rural de Los Niches (Santa Lucía, área suroriente), por el ruido que producen unas maquinarias que se echan a andar en la noche para evitar daños que las heladas provocan en los campos, pero que impide a la gente tener un sueño tranquilo y reparador.