El cariño repartido por “los tíos de la caravana”

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Instituto San Martín. Es el único de su tipo de todos los colegios maristas de Chile. Llevan comida y sobre todo amistad, a personas en situación de calle. Esta es su historia en el Mes de la Solidaridad.

Curicó. Todo partió sin haber planificado nada. Más bien fue un grupo de apoderados sobre todo, impulsado por los valores entregados por el colegio.

Era un 30 de abril de 1999. Un total de cinco termos y unos 20 sándwiches era parte del primer inventario de salida. Juan Carlos Maldonado y su esposa Cecilia Acuña, eran los fundadores de este grupo lleno de buenas intenciones.

Nacía “Marcelino Ayuda”, del Instituto San Martín de Curicó, que llevaría cariño y alimento a personas en situación de calle.

APOYO INICIAL

Rápidamente “Marcelino Ayuda” fue cobrando fuerza y atrayendo la solidaridad de otras familias del colegio.

“Esto es poco… empecemos a dar comida”, surgió una voz y se cobraron nuevos bríos.

Juan Carlos conversó con el Centro de Padres, que acogió plenamente el trabajo que se estaba realizando, apoyándolo con una subvención que sirvió para comprar gas, cuchillos y un fondo.

Comenzaron entonces los turnos para cocinar, varias manos apoyando, donaciones de comida. En fin, una acción que estaba creciendo alimentada por el ímpetu de servir.

MÁS FUERZA

Alrededor de los tres meses de funcionamiento, “Marcelino Ayuda” formó una directiva. Salían todos los jueves, de 21:00 a 00:30 horas y repartían unas 50 raciones en una ruta que comprendía, entre otros puntos, iglesia Nuestra Señora del Rosario, donde actualmente se encuentra supermercado Líder y Parque Muévete.

Las palabras se le llenan de entusiasmo a Juan Carlos cuando cuenta que comenzaron a hacer listas para cocinar, con lo que darían a los beneficiarios. Salían en sus autos y algunos apoderados facilitaban sus camionetas para transportar lo que necesitaban para la ayuda.

El grupo empezó a recibir importantes aportes, por ejemplo en carne, que después sería llevada al plato traducida en sabrosas carbonadas.

CAMIONETA

Ya son 21 años de “los tíos de la caravana”, como les dicen los “tatas” beneficiados cuando los ven venir.

Ahora están en receso por la pandemia, pero los recuerdos de tanto tiempo están vivos: las empanadas para fiestas patrias, atención en peluquería, incluso realizaban servicios funerarios a quienes fallecían, atención que con el tiempo fueron mejorando y que hoy es realizada principalmente por los albergues.

Punto alto de la historia de “Marcelino Ayuda” es la camioneta que pudieron comprar hace una década, al haber ganado un proyecto presentado a una fundación curicana, lo que mejoró mucho más aún el cariño y servicio desinteresado que se entregaba.

RECONOCIDOS

“Marcelino Ayuda” en estos meses ha entregado cajas con mercadería, a familias afectadas económicamente por la emergencia sanitaria.

Gracias a un catastro realizado con ayuda de Carabineros, los voluntarios han podido llevar a cabo este valioso aporte, mientras puedan volver a retomar la ruta.

Hoy son 18 los integrantes de esta “familia”, como dice Juan Carlos Maldonado, coordinador. Lo acompañan en la directiva Cristian Loyola, subcoordinador; Anita Pastén, tesorera; Isabel González, secretaria; Lilian Castillo, directora; Leonardo Devlahovich, director.

En este tiempo han sido reconocidos por Rotary Club y la Gobernación. En España la Congregación Marista sabe de su existencia y es el único grupo de su naturaleza en los colegios maristas de Chile.

Cuentan además con la visita de Canal 13, que los acompañó hace años a realizar el recorrido un jueves.

EN LA SANGRE

Hoy Juan Carlos Maldonado habla con mucho cariño de todo lo que se ha logrado y lo que se espera lograr.

“Somos una familia”, dice y añade que en este tiempo los jueves se reúnen por Zoom para no perder el hilo y saber de ellos.

“Esto se lleva en la sangre. A veces hemos dejado compromisos de lado por salir los jueves. El cariño de la gente en la calle nos motiva para seguir saliendo (…) ¿Cuánto durará este grupo?… No lo sé. Pero esto no se puede terminar. Alguien tiene que seguir”, concluye Juan Carlos.