Responsabilidades y grados

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Cuestionamientos más, cuestionamientos menos, el rol que cumplen los medios de comunicación, dentro de una sociedad, sigue siendo clave a la hora de ofrecer argumentos de cara a la formación de posturas u opiniones. 

Tal escenario se ve potenciado ante la presencia de las redes sociales, que funcionan como un claro “amplificador” de antecedentes o datos relacionados a una situación o un tema en particular. 

Sobre el denominado “Caso Ámbar”, la adolescente de 16 años cuyo cuerpo fue encontrado sin vida el pasado jueves al interior de la vivienda (en Villa Alemana) del conviviente de su madre, Hugo Bustamante, quien ayer fue formalizado como el autor de tal crimen; estábamos frente a un sujeto que cargaba con antecedentes policiales, entre ellos, los homicidios de quien fue su cónyuge, y el hijo de ésta, de tan solo nueve años, cuyos cuerpos ya sin vida introdujo en un tambor que de manera posterior enterró en el patio de una vivienda que había arrendado (enero del 2005). 

Haciendo una comparación con otros hechos de tipo policial, respecto en lo particular del ahora nuevamente imputado, llama la atención la existencia de múltiples antecedentes que han estado disponibles durante años, esto gracias al trabajo de profesionales vinculados a medios de comunicación, incluyendo entrevistas al propio sujeto, instancia donde quedaba en evidencia la posibilidad cierta que se estaba frente a una persona, que podría reincidir en comportamientos de tal naturaleza. 

En otras palabras, no se trataba para nada de algo “secreto”, es más, para muchos más bien era una situación que “se veía venir”. Hugo Bustamante inicialmente estaría en la cárcel hasta 2032 por sus primeros dos homicidios, mientras que su tercera víctima participaba en un programa del Sename que no calibró los riesgos hasta que ya fue demasiado tarde.

Si bien muchas veces se cuestiona el rol de los medios de comunicación, tratándose de un ejercicio que dentro de una sociedad democrática es más que sano, esta vez se debe reconocer que han realizado un trabajo que ha estado a la altura de lo que espera y necesita una sociedad como la actual. Vaya aquel dato de cara a la hora de establecer los grados y las responsabilidades, ya sea de personas o instituciones.

Al cierre, lo que ha sucedido con la pequeña Ámbar deja sobre la mesa una legítima interrogante: ¿Cuántos casos más así habrán? Sin duda que eso genera una profunda incertidumbre entre quienes integran nuestra sociedad, ya que sienten que están inmersos en un sistema que simplemente no los protege.