La conciencia colectiva estremecida

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Hace escasos días, en este mismo espacio editorial, nos referíamos al tema de la identidad, tanto en los planos personales, familiares, comunales,provinciales y regionales, hasta llegar a la gran identidad nacional,punto máximo en el que se supone que cada suceso de grave connotación que ocurra en algún lugar del territorio, puede llegar a importarnos a todos en general, generando reacciones sociales solidarias y empáticas a

lo largo y ancho del país.

Haciendo una atrevida analogía, podríamos decir que es como cuando el cuerpo humano reacciona ante una imprevista y accidental herida que requiere atención inmediata, dejando temporalmente postergadas otras necesidades menores que pudieran existir.

Lamentablemente, el muy reciente caso de la adolescente de 16 años Ámbar Cornejo, brutalmente asesinada en la Región de Valparaíso, por la pareja de su madre, no es el primero con esas terribles e insanas características y así lo consignan y demuestran los archivos policiales chilenos a lo largo de toda su historia.

Es cierto que este conmovedor drama ocurrió a más de 400 kilómetros de nuestra Región del Maule, pero, ¿cómo íbamos a quedar ajenos a tamaña brutalidad y marginarnos completamente de ese sentimiento de repudio y condena que hizo reunirse a tantas personas en Villa Alemana (la gran mayoría mujeres) para clamar por “justicia para Ámbar”?

Era natural que las redes sociales colapsaran con cientos de miles de comentarios y no solamente para solidarizar con este caso puntual sino que, incluso, vuelve a salir a la superficie el controvertido tema de la pena de muerte, en el que las opiniones están muy divididas.

Lo cierto es que la mayor parte de las críticas se concentra en el área de la justicia y concretamente en el hecho de que el autor de este crimen estaba “en libertad condicional”, tras cumplir 11 años de prisión (de un total de 27) por el doble homicidio de una mujer y una menor.

Con razón, entonces, se produjo esa masiva manifestación social y popular en la Región de Valparaíso, que, dicho sea de paso, se llevó a cabo sin mantener las debidas restricciones sanitarias a que obliga la crisis sanitaria por el Coronavirus, pero que da cuenta que la conciencia colectiva nacional ha sido nuevamente estremecida.