La parte positiva del miedo

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Cuando este sábado recién pasado se “estrenaron” las autorizaciones para que los adultos mayores de 75 años salieran a caminar por un rato a fin de aliviar el estrés del encierro y hacer algo de ejercicio muscular, era comprensible esperar o presumir que iba a haber un gran flujo de adultos mayores, en las calles y barrios, aprovechando esta cierta “holgura”; pero, curiosamente –al menos en las principales ciudades de nuestra Región del Maule– no fue tan así.

Es cierto que pudo haber influido el frío de esa mañana, pero esta reacción de tipo colectivo-social, sumada a otros índices de perfil humano manifestados últimamente, podrían estar dando a entender que, especialmente la gente mayor y también numerosos adultos jóvenes, han ido internalizando las gravísimas consecuencias que pueden tener las conductas rebeldes, indisciplinadas y temerarias, frente a los amenazantes efectos de la pandemia.

Por otra parte, el “lenguaje” de las cifras (que han estado evidenciando que el número de contagiados no disminuye tan significativamente como se desearía) es muy elocuente y por eso las cuarentenas se han seguido aplicando continuamente, como es el caso del área urbana de Curicó.

Este tema de la crisis sanitaria, que ya lleva cinco meses declarada como pandemia mundial, está no solamente creando conciencia cívica sino que, paralelamente, haciendo que el miedo vaya “echando raíces” en las conductas humanas y seguramente va a pasar largo tiempo en que las personas de todas las edades, hagan normal, por ejemplo, el uso de mascarillas; de mantener hábitos básicos de higiene como el constante lavado de manos, y observar y respetar el distanciamiento físico entre personas que deben esperar sus turnos cuando las ocasiones lo ameritan.

Como decía un antiguo aforismo o frase popular: “el miedo es cosa viva” y aunque sea a través de él, ojalá podamos ir dejando atrás este episodio tan triste y devastador para toda la humanidad.

Y en esto de temer y tomar conciencia del peligro, surgen casos insólitos y tiernos, como es el reciente video que muestra a un pequeño niño ecuatoriano a quien su madre lo manda a comprar a una tienda cercana.

El chico, de unos 7 años, se hace acompañar por su perro al que, previamente y con mucho cuidado, le pone una mascarilla en el hocico.