Las dos caras de la lluvia

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Es tan grande la influencia del tema de la pandemia por Coronavirus, que los efectos -positivos y negativos- de las intensas lluvias y nevazones de las últimas semanas, no han sido comentados en toda la importancia e incidencia que realmente tienen.
De no haber tenido que preocuparnos y afligirnos por la cuestión de la crisis sanitaria, el quiebre de la tendencia climática en casi cuatro quintas partes del territorio nacional -afectado por una de las sequías más prolongadas y devastadoras de la historia-, habría ocupado buena parte del quehacer periodístico e informativo en general.
En la parte positiva de las abundantes precipitaciones de los días y semanas recientes, nuestra Región del Maule se ha visto bastante favorecida ya que los embalses han recuperado un notorio porcentaje de su capacidad hídrica y la cantidad de nieve caída en la alta cordillera, significa asimismo una cierta tranquilidad -especialmente para los agricultores- ya que es una especie de “cuenta de ahorro” para la próxima temporada de primavera-verano.
Además las lluvias y los vientos asociados a los frentes de mal tiempo van limpiando el aire y despejando los principales focos de contaminación ambiental y, de paso, la humedad le hace bien a los terrenos vinculados a las labores agrícolas y habrá cosechas normales y no faltará agua para los animales.
Sin embargo, en la otra cara de la moneda, los perjuicios son numerosos y lamentables, pudiéndose mencionar que han sido numerosos los sectores anegados en las cuatro provincias de la región maulina y las áreas sociales más vulnerables son siempre los mayormente afectados, debiendo ser asistidos por las autoridades, hasta donde los recursos lo permitan.
Afortunadamente, los casos de deslizamientos de tierras por la acción de las fuertes lluvias en nuestra zona, no han sido tantos ni tan graves.
En lo doméstico también provocan continuas quejas los cortes en el suministro de energía eléctrica, derivados de las intensas precipitaciones y que muchas veces tienen que ver con la falta de previsión al no hacerse oportunas podas en los árboles cercanos al tendido eléctrico.Sumando y restando, estas son las dos caras -harto contrapuestas- de las lluvias que han venido a romper el nefasto ciclo de la megasequía.