Un pequeño reconocimiento

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En plena pandemia del Coronavirus, más de ocho mil curicanos son los que en promedio se están alimentando día a día gracias al servicio que entregan las denominadas Cocinas Solidarias. Se trata de una iniciativa que surge para dar respuesta a una necesidad asociada al complejo escenario que vive la comuna cabecera norte del Maule, cuyo territorio urbano va a completar su cuarta semana bajo confinamiento (mañana miércoles se sabrá si tal condición se extiende o no por otra semana). Si bien los números hablan por sí solos, la distribución de las más de 50 Cocinas Solidarias se presenta como un punto que no pasa desapercibido: no solo están funcionando en sectores o poblaciones que concentran a las familias de menores recursos, lo cual habla del impacto que en el ámbito social ha generado la citada emergencia sanitaria. 
Por todo ello, no está demás brindar un pequeño reconocimiento a quienes permiten darle vida a este servicio, partiendo por sobre las 600 personas que trabajan como voluntarios, preparando los respectivos alimentos. Se trata de una logística (abastecimiento) en manos del municipio curicano, que además de considerar recursos propios, se ha nutrido de una serie de desinteresadas donaciones de diversa índole, a nombre tanto de particulares como de empresas. 
Justamente en aquel punto, la voz del empresario Enrique Bravo se hizo sentir a la hora de expresar un “fuerte llamado” entre sus pares, a fin de “meterse la mano en el bolsillo” para poder “aportar y ayudar” a dicha causa, que continúa expandiéndose por distintos rincones de la comuna, tanto en el ámbito rural como urbano.  
El trabajo mancomunado o colectivo es la clave para poder dar abasto a una necesidad tan básica como disponer de un plato de comida, más aún en este período tan convulso que nos ha tocado vivir.