Otra vez a la sombra de la pandemia…

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Ya hemos dicho en más de una oportunidad, que la pandemia del Coronavirus -aparte de mantenernos abrumados por la amenaza constante de los posibles contagios- se ha ido encargando de opacar y desvirtuar todas las conmemoraciones históricas, sociales, religiosas y públicas de los últimos meses.

No nos sirve de mucho consuelo el hecho de saber que esa penosa realidad sea igual en casi todas las naciones del planeta y así como los estadounidenses prácticamente “pasaron por alto” su Día de la Independencia, el pasado sábado 4 del presente mes, lo propio debería ocurrir el próximo martes 14, en Francia, con su habitual recordación de su Día Nacional, recordando la legendaria Toma de la Bastilla.

Pero, aún sabiendo que no habrá celebración material alguna, no sería justo dejar pasar estos días 9 y 10 de julio, sin siquiera escribir unas pocas líneas sobre uno de los episodios más dramáticos e inspiradores de la historia republicana de nuestro país y que tuvo lugar hace 138 años en la sierra peruana.

El combate de Concepción (como se conoce en la historiografía peruana) o Batalla de La Concepción (definida así en la contraparte chilena), corresponde a la campaña terrestre de la Guerra del Pacífico en la fase de la Campaña de la Sierra.

Lo ocurrido aquel domingo 9 y el lunes 10 de julio de 1882, entre tropas chilenas y peruanas, tiene no solamente perfiles bélicos y militares, sino que quedó aureolada para siempre con la luz de un heroísmo cercano al martirologio.

Para quienes habitamos en la Región del Maule esta efeméride tiene, sin duda, una connotación muy especial ya que la figura de mayor y particular brillo y relieve fue la del último hombre en caer abatido mortalmente: el subteniente Luis Cruz Martínez, ilustre exalumno del Liceo de Hombres de Curicó y que casi un siglo después de esa batalla, fuera nominado como símbolo de la juventud chilena.

Y es que sus méritos fueron mucho más allá de su amor por la patria y su desempeño en la campaña bélica propiamente tal: también había sido un niño y adolescente ejemplar, criado en un sencillo hogar por su abuela materna; asimismo fue un estudiante de excepcional inteligencia, respetuoso de sus maestros y con un gran concepto de la amistad.