Lo del vaso medio lleno

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Es absolutamente legítima y comprensible la marcada y creciente preocupación –y hasta la alarma y el temor– que esta pandemia del Coronavirus ha generado y, al parecer, por estos días hasta los más tozudos, displicentes y rebeldes, parecen estar tomando debida conciencia del peligro que implica no respetar las medidas de confinamiento determinadas por las autoridades sanitarias y fiscalizadas por las fuerzas de orden.

Pero hay ciertos fenómenos que han ido surgiendo en la naturaleza, en todo el mundo, que son altamente significativos y respecto de los cuales es aún poca la gente que se detiene a observar y pensar en el enorme daño que le hemos estado haciendo durante siglos a la madre tierra con nuestro modo de vivir; nuestra exagerada ambición.

Ni siquiera los ambientalistas más acuciosos, entusiastas y comprometidos con la defensa de sus postulados, podrían haber imaginado lo que ha estado ocurriendo en el planeta a raíz de las restricciones en el quehacer humano, desde el punto de vista material que suele disfrazarse de “progreso y desarrollo”.

Pumas bajando de la cordillera para incursionar en las cercanías de los centros poblados en Chile; zorros caminando por barrios del norte de Bogotá; delfines nadando en la Bahía de Cartagena, gracias a la restricción náutica; crías de zorro cangrejero en Bucaramanga; zarigüeyas con sus crías en Neiva; ciervos en Nara, Japón; jabalíes en Barcelona; jaguares en Cancún, México; peces en los canales de Venecia; ardillas en la ciudad de Granada; pavos reales en Madrid y otros animales en diversos países, aprovechando las urbes solitarias por el confinamiento de las cuarentenas.

Ha disminuido grandemente el dióxido de carbono entre un 25 y un 50 por ciento en varias ciudades, en comparación con el año 2019 y también el dióxido de nitrógeno, producido principalmente por los vehículos y que ahora circulan en escasísimo número por las ciudades.

Es igualmente importante la recuperación casi total de la capa de ozono en la atmósfera lo que permite que los rayos ultravioleta generen mayores daños a los seres humanos.

La Tierra se sana… mientras nosotros nos vamos recuperando lentamente de esta pandemia.

Esa la parte medio llena del vaso.