Lo mejor y lo peor de la gente

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En el marco de la pandemia del Coronavirus, en estos días recientes se han estado generando diversos escenarios humanos que evidencian contrastes que pueden parecer incomprensibles, pero que, lamentablemente, solo están retratando las desigualdades sociales y la responsabilidad e irresponsabilidad que se han enraizado en nuestra identidad como pueblo.

Por una parte, y ante la emergencia que ataca, además, una de las necesidades básicas de los sectores más vulnerables y humildes, como es la alimentación, hay grupos de personas nobles, de espíritu generoso y fraterno que se están organizando para llevar ayuda a los que más la necesitan, proveyendo productos básicos para preparar sus comidas y otros elementos para higiene y sanitización de los hogares.

Esto, es independiente de los aportes en cajas de alimentos dispuestos por el Gobierno y los municipios, destinados a las familias que se han visto tan directamente golpeadas por la obligada cesantía que enfrentan tantos jefes de hogar, que es otro de los coletazos del Covid-19.

Esa es la cara que nos da esperanza y nos hace pensar que todos juntos vamos a salir de esta crisis, especialmente cuando vemos, en comunas de la Región Metropolitana, que muchas familias que han tenido que salir a las calles a protestar y a exigir ayuda, porque simplemente ya no tienen qué comer.  

Pero hay otra cara, esa que nos muestra que aún existen personas que no entienden nada de nada. 

Durante la noche de este viernes, personal de Carabineros y de Seguridad del municipio, desbarató una fiesta clandestina en Santiago Centro, luego de recibir una serie de denuncias de los vecinos del sector por ruidos molestos. 

En el operativo desplegado, se consiguió la detención de 29 personas, quienes arriesgan serias penas. Además, se pudo detener al organizador de la fiesta.  

Estas dos caras muestran que muchos han entendido la gravedad de la situación de emergencia sanitaria que vive el país y hacen lo que está a su alcance para ayudar a quienes lo necesitan. Pero esa otra cara de las fiestas clandestinas, como también ocurrió en Maipú con 400 personas, denotan una irresponsabilidad tan grande, que incluso esas personas exponen su propia vida con tal de “pasarlo bien un rato”.