Las mamás en tiempos de pandemia

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En estos casi cuatro meses de crisis sanitaria, tras la declaración de pandemia por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS), varias celebraciones han pasado “de largo” o quedaron a la sombra de la contingencia, con apenas breves “recordatorios” y la esperanza de que, cuando esto pase, todo volverá a ser como siempre. 

La Semana Santa, por ejemplo, tuvo que transcurrir “nominalmente”, sin Vía Crucis ni los demás oficios, liturgias y jornadas tan típicas para el mundo cristiano, aunque no faltaron aquellos que se las arreglaron para “cumplir” con el ritual de no comer carne y gastaron tiempo y dinero para conseguir pescados y mariscos…como si no existieran legumbres ni verduras.

Y hoy hemos llegado al Día de la Madre -que justo este 10 de mayo cae en domingo- y será más raro que nunca, pero también uno de los más reveladores. 

Por un lado -y con todos los matices diferentes y adversos- está implícito el homenaje a esas madres con niños pequeños que han afrontado el confinamiento con entereza y por otro, la gratitud y reconocimiento a las abuelas (las madres de las madres) a las cuales muchos no podrán visitar porque hay que protegerlas para evitar un contagio.

Respetando las medidas de protección, hay ancianas que dedican a sus hijos miradas de cariño infinito a través de ventanas cerradas y puertas acristaladas; no pueden tocarse ni oírse, pero se lo dicen todo. 

Hay madres jóvenes que acaban de dar a luz y que muestran la foto de su recién nacido al que aún no han podido tener en brazos porque están infectadas por el Coronavirus; mujeres amamantando con mascarillas; otras con sus peques por la calle intentando que esta pesadilla sea lo menos dramática posible para sus retoños; señoras mayores que salen del hospital tras haberle ganado la batalla a la muerte y que son recibidas con los brazos abiertos por sus hijas.

Y por último, están las madres que, tras su muerte física, habitan en la dimensión desconocida del más allá, pero viven aún en nuestras mentes y en nuestros corazones.

Aparte de que los cementerios estarán cerrados para evitar aglomeraciones, no es imprescindible llevar flores a sus tumbas… ya habrá condiciones para hacerlo.

Sus espíritus están y estarán siempre con nosotros.