El Coronavirus y la fe religiosa

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La actual pandemia del Covid-19 no es la primera crisis mundial de este tipo y, lamentablemente, quizás tampoco será la última.

Por siglos, el ser humano ha tenido que combatir contra un enemigo al que ni siquiera puede ver, y, hasta hace poco, mucho menos entendía; aunque hoy la gente trata de informarse mejor y las autoridades de casi todos los países adoptan medidas adecuadas y oportunas. 

Los virus han sido, en muchas ocasiones, más mortales que guerras y hambrunas. La peste Negra, que asoló Europa en el Siglo XIV, es la peor pandemia a la que se ha tenido que enfrentar la humanidad y, según algunos cálculos, mató a más de la mitad de la población del viejo continente (unos 200 millones de personas).

La medicina entonces estaba en pañales y, en su ignorancia, muchos creían que la peste era un “castigo divino” de modo que muchos feligreses actuaban de manera errática y desesperada y al llenar las iglesias, peor era el contagio.

Las cosas han cambiado radicalmente y actualmente la enorme mayoría actúa más racionalmente y con loable prudencia; pero ha habido algunos casos aislados que muestran una irresponsabilidad increíble y una posición tan absurda como desafiante e irracional.

Este domingo 12 recién pasado, el obispo Gerald Glenn, de la Iglesia Evangélica Nueva Liberación, del Estado de Virginia (EE. UU.), murió tras contraer el Covid-19.

En la ceremonia que celebró el 22 de marzo, Glenn había hecho un comentario acerca del virus, que causó gran polémica, al asegurar: “Creo firmemente que Dios es más grande que este virus aterrador”.

Un día después, el gobernador de Virginia, Ralph Northam, tomó la decisión de prohibir todas las reuniones de más de 10 personas.

Chile no ha estado ajeno a situaciones de este tipo, las que, afortunadamente, no han sido tan extremas (ha habido un par de casos), pero que son muy decidoras y elocuentes.

Una cosa puede ser la sentida y sincera fe en Dios y otra el sentido común, el criterio y la razón que –en el caso de la Iglesia Católica– ha llevado a mantener cerrados los templos.