El principio del fin aún está lejos

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De vez en cuando y de acuerdo a ciertas circunstancias bien puntuales y concretas, los chilenos volvemos a tomar conciencia de que somos un país que está “en el fin del mundo”, por nuestra singular posición geográfica que nos asigna una curiosa característica de “isla”, pese a estar unidos férreamente al continente sudamericano, pero separados hacia el oriente por la gigantesca barrera de la Cordillera de Los Andes.

Debe haber sido precisamente por esa suerte de “insularidad”, que cuando ocurrieron antiguas y graves pandemias, Chile fue casi siempre el último en contaminarse y actualmente –cuando el avance arrollador que trae consigo el progreso y la tecnología– formamos parte de la llamada “aldea global” y estamos sumamente conectados a nivel internacional, pero nuevamente vamos casi al final de la lista de los países afectados por el Coronavirus.

No estamos ajenos a la pandemia, pero el escenario chileno está muy lejos de parecerse a lo que ocurre en estos momentos en Italia y España, por citar solamente a dos de los que acusan el mayor impacto de esta crisis mundial.

Entre las noticias que llegan del exterior en las horas recientes, hay una que podría encender una pequeña luz de optimismo y esperanza, pues se indica que en las localidades chinas donde se generó el Covid-19, ya comienzan a levantarse las barreras sanitarias y la población puede volver lentamente a la normalidad, ya que no hay más casos de contagios y todos los que estaban en tratamiento fueron dados de alta.

Pero todavía hay temor y ello se refleja en algunos significativos detalles, como que las salas de cine que fueron reabiertas no han vendido ni una sola entrada.

Es evidente que el principio del fin de la crisis para el resto del mundo, está aún bastante lejos.

Sin embargo, se mantiene viva la fe y la esperanza, porque se cuenta con recursos que antes no existían y hay que recordar que hace muchos años hubo otras enfermedades que, por las condiciones de higiene que en que vivía la población, adquirieron el carácter de epidemia, como fueron la tuberculosis, el tifus, el sarampión y otras enfermedades infecciosas.