Investigadores de UTalca participaron en exploración científica en la Antártica

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Académicos de la U. de Talca, participaron en la última expedición científica a la Antártica.

Marco Molina, vicerrector Académico. Junto a siete investigadores tomaron parte en diversos proyectos, “lo que nos posiciona como una universidad que tiene una representación dentro del circuito de investigación antártica bastante significativo”, dijo.

TALCA. “La Universidad de Talca, durante los últimos años, ha comenzado a transitar hacia una investigación multidisciplinaria, un proyecto de gran envergadura. Hace tres o cuatro años, que UTalca participa del circuito de planteles que mantienen proyectos antárticos, que son de alta complejidad”, sostuvo el vicerrector Académico, Marco Molina. 

Hace algunas semanas, Molina llegó del continente helado luego de participar de la última expedición científica, en la que junto a siete investigadores, tomaron parte en diversos proyectos, “lo que nos posiciona como una universidad que tiene una representación dentro del circuito de investigación antártica bastante significativo. Esperamos que esto se pueda seguir incrementando con la llegada de nuevos estudiantes y post doctorados y con la adjudicación de nuevos proyectos”, agregó. 

Añadió que están desarrollando cuatro proyectos relacionados al efecto del cambio climático: los procesos de invasión de plantas en la Antártica; los mecanismos -fisiológico y molecular para adaptarse a estas condiciones rigurosas; una evaluación del continente, como fuente de biorecursos para obtener microorganismos que, transferidos a la zona agroforestal del Maule,  aumenten la competitividad de los recursos; y la bioprospección  de comunidades microbianas -costras biológicas- que pueden ser potenciales candidatos para ser sometidos a condiciones que simulan ambientes de Marte y la Luna. 

ESTUDIOS

“La Antártica es una excelente fuente de biorecursos y hemos logrado generar un cepario de biobacterias y hongos que configuran distintas características. Hay algunos que pueden proteger a las plantas de las heladas; hay otros que pueden aumentar la eficiencia del rendimiento de los cultivos con menos agua; y hongos que pueden ser utilizados para planes pilotos sobre restauración tras incendios. Por ejemplo en el Maule, zona en la que hay incendios bastantes severos, los procesos de restauración son lentos, pero con la inoculación de  estos microorganismos, hemos logrado que algunas plantas emblemáticas o en peligro de extinción, puede aumentar”, resaltó. 

Agregó que actualmente se están dilucidando los mecanismos de interacción y los efectos generales. Añadió que hasta el momento, se pueden determinar los efectos a nivel de predios e invernaderos. “El paso siguiente es el escalamiento. Por ejemplo, hemos logrado hacer planes pilotos de restauración a aproximadamente 200 individuos.  El desafío siguiente es escalarlo y tratar de hacer plantaciones masivas”, dijo. 

Marco Molina, añadió que también resulta interesante el trabajo realizado con las denominadas costras biológicas. Estas, dijo, tienen ciertas características que les permiten tolerar oscilaciones térmicas de hasta cien grados, alta radiación ultravioleta o incluso rayos gamma, lo que pudiera generar proyectos vinculados a la astrobiología.  

​RADIACIÓN

De acuerdo al investigador Ian Acuña, la labor llevada adelante por la Universidad de Talca en la Antártica, aborda la relación de las plantas y los microorganismos desde distintos aspectos. “Mi investigación trata del rol de los microorganismos que existen al interior de las hojas de las plantas. Porque, como todos los seres vivos, no solo existen como tal, sino que están compuestos por muchos microorganismos dentro de ellos”, dijo. 

Sostuvo que estos ayudan a las plantas a enfrentar las altas radiaciones UV-B que existen en la zona a raíz del debilitamiento de la capa de ozono. El trabajo de Acuña, abordó el control de la radiación mediante un experimento, en el que expuso los vegetales bajo filtros, con y sin microorganismos. 

También se refirió a la investigación de Andrea Barrera, quien estudia las denominadas costras biológicas, un consorcio de microorganismos, musgos, líquenes y bacterias, que son la primera formación en el suelo y que  cambian sus condiciones físicas, haciéndolo apto para las plantas. “En estos ecosistemas extremos, en el que las condiciones son muy difíciles para las plantas, las costras brindan un albergue donde pueden asentarse. Estas costras han sido descritas como muy importantes para el intento de colonización exoplanetaria, y así ayudar a los suelos de la Luna y Marte para desarrollar, en el futuro, aplicaciones agrícolas”, recalcó.