Ruinas… pero dignas

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La palabra “ruina” viene del verbo latín “ruere” que significa caer y la RAE agrega: “Acción de caer o destruirse alguna cosa”.

Con el paso del tiempo y basándose en determinadas circunstancias descritas sucesivamente en el curso de la historia, esta palabra fue adquiriendo una especie de extraña y curiosa dignidad y, por ejemplo, cuando se habla hoy de las ruinas del Partenón (en Atenas – Grecia) se piensa casi inevitablemente en un imperdible punto de atracción turística más que en el término “ruina” y. casi sin que los miles de visitantes se den cuenta, todo ese entorno se mantiene limpio, ordenado, sin matorrales resecos ni basuras, revelando un justo respeto por una construcción que tiene más de 2 mil 450 años de antigüedad.

La Iglesia de San Francisco de Curicó, que perteneció a la Orden Franciscana –que también mantuvo a su lado un convento por casi dos siglos– se encuentra en ruinas y el actual estado, de lo que fuera una orgullosa arquitectura neogótica es deplorable y deprimente.

Deben ser miles los exalumnos de la Escuela San Antonio (que funcionó por muchas décadas a un costado del templo y del convento) que estudiaron en aquellas aulas entrañables y seguramente, la gran mayoría de ellos lamentan esta penosa realidad.

Por estos días, la Secretaría Regional Ministerial de la Culturas, las Artes y el Patrimonio, ha informado que se abordará una iniciativa para, en primer lugar, limpiar todo ese perímetro de las ruinas de la iglesia y en el mes de marzo, entrar a apuntalar lo que queda de los altos muros de ladrillo para evitar su caída ante un eventual sismo o fuertes vientos.

Independiente de lo que vaya a suceder con el futuro de ese templo tan querido y que fuera un valioso y amable eje social de todo un populoso barrio, debemos reconocer que lo menos que puede esperarse es que sus ruinas, depositarias de un orgulloso pasado, se mantengan con una mínima limpieza y cuidado, que reflejen esa cierta dignidad y respeto al que nos hemos referido.