Tragedias normalizadas

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Durante las últimas semanas se han conocido ciertas noticias que han causado conmoción en la opinión pública, como la desaparición de dos mujeres de las que no hay rastro o la más reciente, de una “bala loca” o “bala asesina” que dio muerte a una mujer de 73 años, que recién llegaba a su casa después de unas vacaciones en la playa.

Lo cierto es que cada una de estas verdaderas tragedias, causa impacto inmediato en la ciudadanía, pero al pasar de los días, van quedando olvidadas para muchos, pero no para toda la familia y gente cercana que quiere a las personas que han sido víctimas de estas atrocidades.

El grave problema en cada una de estas situaciones y muchas más que se podrían enumerar es la necesidad urgente de hacer justicia, algo que muchas veces no llega, y lo peor de todo es que comienzan a ser regulares. 

Pues no es normal que secuestren y desaparezcan a mujeres; emblemático es el caso de Fernanda Maciel, quien encontrándose embarazada, salió de su casa y nunca más se supo de ella, solo hasta más de una año después, cuando se encontró su cuerpo. ¿Quién se creen que son esas personas que se sienten con el derecho de tomar a una mujer y hacer lo que quieran con ella? Solo por el hecho de conseguir a toda costa que “que sea suya y de nadie más”, en un impulso gatillado por una obsesión.

El tema de las “balas asesinas” son igualmente horrorosos, pues esta semana fue una mujer de 73 años, pero no hace mucho conocimos el caso de un pequeño que dormía junto a su madre y murió por una bala, que entró por el techo de su casa. 

Una de las peores transformaciones que nos podría pasar como sociedad es que perdamos la capacidad de asombro y más que eso, que deje de importarnos el desenlace de este tipo de casos. 

Es en estas circunstancias cuando las policías, la justicia, Ministerio Público, incluso la sociedad civil, deben actuar de manera rápida y eficaz, para lograr resultados y no se sigan normalizando crímenes y delitos que están muy lejos de ser normales y para nada son algo que debe existir en la sociedad en la que queremos vivir.