Las “otras” vacaciones inolvidables

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Para cada grupo familiar, lo natural y lógico sería que el período de verano –con vacaciones incluidas, por supuesto– fuera sinónimo de gratísimos días de compartir y si es posible, en medio de bellos parajes naturales que invitan al relax y a un merecido descanso después de nueve meses de duros ajetreos, estudio y trabajo cotidiano.

Pero, lamentablemente, no siempre es así y entonces, unas vacaciones que podían haber sido inolvidables por todo lo placentero y gratificante que ello implica, a veces suelen convertirse en tragedias que paradojalmente, también son recordadas siempre, pero con pena y dolor.

Y lo peor es que, regularmente, la accidentabilidad en el marco de paseos, excursiones y actividades al aire libre se generan por el actuar temerario e imprudente, particularmente entre adolescentes y jóvenes cuyos decesos son doblemente sentidos y lamentados.

No hay ninguna medida preventiva que sea exagerada, a la hora de iniciar cualquiera de estas “aventuras” veraniegas (o en cualquier época del año) como puede ser llevar cuerdas de razonable extensión, linternas y baterías de repuesto; aparatos que permitan recargar teléfonos celulares; dar el aviso correspondiente a Carabineros si se va a ingresar a una zona alejada e informar el día y hora de regreso.

Las estadísticas dan cuenta que varios decesos ocurren también a partir del atrevido afán de una persona por alejarse de su grupo, que intenta llegar a la cima de alguna montaña, con el propósito de ser el primero en “hacer cumbre”. 

La audacia llevada al extremo es frecuentemente la causa de accidentes mortales y buena parte de esos casos, suelen registrarse en algunas playas del extenso litoral chileno, muchas de las cuales presentan escenarios muy riesgosos por la configuración del traicionero fondo marino y el incontrarrestable oleaje.

Que las vacaciones sean inolvidables,  por todo lo grato que haya para recordar y no por una enlutada tragedia que perfectamente pudo ser evitada.