Y la limpieza… ¿cuándo?

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Hace un par de semanas o algo más se dio a conocer, en esferas del municipio curicano, la intención de llevar a cabo una campaña de limpieza de muros de edificios, tanto institucionales como de servicios públicos e incluso de viviendas que fueron objeto de cientos de rayados –como una derivación enajenante del llamado “Estallido Social”– lo cual sería un aporte verdaderamente positivo, no solamente desde el punto de vista estético sino que también en el plano emocional y psicológico.
Ya no se trata de los rayados comunes y corrientes y de los pseudo graffitis que datan hasta de años y que parecen haberse eternizado en diversos puntos de la ciudad, sino que de frases obscenas e injuriosas que en nada ayudan a la ansiada reconciliación de los espíritus y el retorno a una razonable normalidad.
Aparte de la demora en materializar esta anunciada campaña de limpieza y la recuperación de un escenario urbano digno y justo, se echa de menos un llamado formal de las autoridades a la comunidad, representada por las diversas juntas de vecinos y organizaciones sociales de base, para acometer en conjunto una iniciativa que sería muy bien acogida por la enorme mayoría de los habitantes.
Por cierto que para concretar esta loable idea no solamente se precisa de la voluntad y el compromiso, sino que además contar con los recursos mínimos para llevar a cabo los trabajos respectivos.
Como en casi todo el país, las ciudades de la Región del Maule fueron afectadas por acciones de varias personas que, con estas conductas tan reprobables, no ayudan a la solución de los múltiples problemas que afligen a la sociedad en su conjunto y por el contrario, van en contra del legítimo derecho de la ciudadanía a manifestar su malestar de manera masiva, pero civilizadamente.